Mostrando entradas con la etiqueta Alan Moore. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alan Moore. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de agosto de 2009

Swamp Thing: Un grito en el pantano 1/7



un grito en el pantano



Cuando se acerca el cuarenta cumpleaños de La cosa del pantano no está de más un repaso a su cenagosa trayectoria.
Este estudio, se centrará en el ciclo escrito por Alan Moore, —etapa publicada, hasta el momento, en España por tres editoriales: Zinco, Norma y Planeta—; y su propósito es ayudar a los que lleguen tarde a la serie, a decidir si perdura la gloria cantada en el pasado. Los que atesoren las anteriores ediciones de los episodios, tal vez decidan que éste es un buen momento para releerlos. Independientemente del grupo al que pertenezcas, te invito a que me acompañes en esta visita a las pantanosas tierras de la imaginación.




Oscura génesis
El descontento del dibujante Berni Wrightson con el trato dado por Marvel a su obra, aumentó al comprobar el coloreado de The Skull of Silence, aventura de Kull publicada en Creatures on the Loose # 10. Su enfado lo llevó a regresar a DC, compañía para la que había realizado sus primeros cómics de terror; desarrollando entonces el relato de Len Wein, Swamp Thing (La cosa del pantano). La historia apareció en House of Secrets # 92 (junio/julio 1971), con portada de Wrightson; relato publicado en España tanto por Toutain, en el álbum La cosa del pantano, como por Zinco, en el segundo episodio de la segunda colección del personaje.
El éxito del relato permitió que en octubre/noviembre de 1972 aflorase una serie que contaba con Wein y Wrightson, coordinados por Joe Orlando —quien trabajaba para DC como editor desde 1966—; siendo la recuperación de la atmósfera E.C. —editorial en la que Orlando había destacado como guionista y dibujante— uno de los aspectos más destacables de su aportación.
La serie presentaba cambios en el campo gráfico donde el monstruo abandonaba su amorfo aspecto del pasado, adoptando la apariencia que se ha convertido en clásica. Se recicla el origen de La cosa, pasando los protagonistas, antes Alex y Linda Olsen, a llamarse Alec y Linda Holland. En el primer relato Alex —víctima de una explosión provocada en su laboratorio por un tal Damian, envidioso de su genialidad y lujurioso de su mujer— reaparecía para impedir que Damian eliminase a Linda, quien dudaba de la catadura moral de su nuevo marido.
El nuevo relato incorporó el tema de científico víctima de los intereses de una organización secreta, El Cónclave. La sugerencia de un grupo más poderoso que el propio Estado, entroncó con una sensación extendida en la sociedad, que veía como en su seno se asentaban trusts, que para favorecer a sus intereses asesinaban Presidentes o derrocaban gobiernos; y englobó a la serie en una línea que alcanzó su paradigma en La Patrulla X; firmando Wein junto a Chris Claremont los primeros guiones de los renacidos X-Men.
La referencia a Norteamérica se acentuó con el transvase geográfico e histórico del relato de un lugar y momento inconcretos, al actual Bajou Country, USA. La tragedia del personaje se acrecentó al no poder evitar la muerte de su esposa. Aparece el teniente Matt Cable quien persigue obsesivamente a La cosa al culparlo de la muerte de los Holland; en una especie de remedo de la serie televisiva El Fugitivo.

ADELANTE

Swamp Thing: Un grito en el pantano 2/7


-->
Primeras desventuras



El equipo Wein-Wrightson-Orlando se mantuvo hasta el número 10 (junio 1974) en que Wrightson dejó la serie. Wein permaneció hasta su paso a Marvel en 1975.
David Michelinie y Gerry Conway escribieron la colección, dibujada por Néstor Redondo hasta su cierre en el episodio 24 (septiembre 1976).
En el número dos, La cosa entra en contacto con el científico loco Anton Arcane, quien lo había llevado a sus dominios centroeuropeos donde le ofrece recuperar su aspecto físico si le permite habitar su monstruoso cuerpo. En el tres aparece Abigail y su frankensteiniano padre, naciendo su relación con el incansable inquisidor Cable. En el cuarto episodio continúa la revisitación de los mitos del terror, en unos neblinosos páramos escoceses habitados por un hombre lobo. En el quinto Swampy salva a una bruja de la hoguera; para encarar en el sexto a unas copias mecánicas de los Holland.
Tras retar a Batman en Gotham, recala en Perdición, pueblo dominado por un ser de reminiscencias lovecraftianas M´Nagalah. Ya en Lousiana, noveno episodio, protegerá a un extraterrestre de la incomprensión humana. Anton Arcane con un ejército de zombis impregnará de vudú la despedida de Wrightson de la serie.
Desde el episodio 11, el antihéroe afrontó variados peligros: de criaturas hijas de vertidos radioactivos, a dobles surgidos de un brazo perdido; el despropósito se adueñó de la serie en su etapa final, apareciendo un hermano de Alec, que devolvió a éste su aspecto humano. Errante sin colección propia La cosa vagó por los páramos de la DC. Apareció del 83 al 87 de Challengers of the Unknown; en el 8 de DC Comics Presents; o en el 176 de The Brave and the Bold. Tanto Toutain como Zinco —en la revista Dossier Negro—, ofrecieron estos episodios.
Recientemente, la editorial Planeta ha recogido en un tomo de 240 págs —Génesis oscura— las 10 páginas de House of secrets y las 10 primeras entregas de la serie.




Segunda Génesis
El personaje contó con una segunda serie de 171 números (mayo 1982/octubre 1996); cuyo título inicial, Saga of the Swamp Thing, pasó a Swamp Thing (ST) desde el capítulo 33. En 1982 se estrenó Swamp Thing, película escrita y dirigida por Wes Craven; seguida de The Return of the Swamp Thing (1989) dirigida por Jim Wynorski; y llegaría incluso en 1990, una desafortunada serie televisiva que alcanzó los 72 episodios en sus tres temporadas.
Tras regresar a DC, Wein optó por relanzar la serie con el guionista Martin Pasko y el dibujante Tom Yeates, contando con el coloreado de Tatjana Wood. Yeates se mantuvo hasta el número 13, con la excepción del 9. Tras el paréntesis del 14 y 15 —por Dan Mishkin y Bo & Scott HamtonPasko firmó los tres guiones siguientes, ilustrados por Stephen Bissette y John Totleben; a los que se unió Berni Wrightson en el 18, coguionizado por Len Wein. Pasko se despidió de la colección en el 19, coescrito junto a Bissette.
Alan Moore redactó del 20 al 64 —salvo el 59, que Bissette guionizó sobre ideas de sus compañeros, y del 62, desarrollado por Rick Veitch— junto con el segundo anual de la serie, y el DC Comics Presents 85.
Veitch escribió y dibujó —con la ayuda de Alfredo Alcalá la mayor parte de la siguiente etapa, del 65 al 87. El episodio 77—escrito por Jamie Delano— y el 78 —por Bissette— fueron ilustrados por Tom Mandrake; al igual que del 83 al 85. La vuelta de Yeates por cuatro episodios, 86-89, coincide con la salida de Veitch de la serie. Éste había situado a La cosa en un viaje temporal; y el número 88 albergaría un pasaje con referencias al martirio en la cruz de Jesucristo.
Pese a que el guión había sido aprobado, elaborando Veitch una portada con un Swampy crucificado, y Michael Zulli había finalizado el dibujo, DC rechazó el tebeo provocando la marcha de Veitch, lo que supuso un silencio de dos meses en la serie.
Doug Wheeler guionizó del 88 al 109, salvo el 101 de Andrew Helfer. El dibujo fue realizado principalmente por Pat Broderick y Mike Hoffman; Alcalá abandonó la colección, en la que había estado colaborado intermitentemente desde el número 30, en el 101. Nancy Collins escribió del 110 al 139 —menos el 116 y el 126— ambos de Dick Foreman.
Tras un baile inicial de dibujantes: Yeates, Mandrake o Shawn McManus; Scot Eaton se convirtió en el ilustrador habitual. En el número 110, Kim DeMulder se incorporó a la serie entintando todos los episodios, salvo seis, hasta su cierre. Mark Millar guionizó los episodios restantes, del 140 al 171, ilustrados habitualmente por Philip Hester.
Actualmente se está editando un tercer volumen de la serie, centrado en Tefé —la hija de Swampy y Abby—, siendo Brian K. Vaughan y Roger Petersen el equipo regular de la serie.



ADELANTE
ATRÁS

lunes, 18 de mayo de 2009

Felicitaciones, Raúl.



¡Hola a todos!

En más de una ocasión

-->aunque puede que no en todas las que debería haberlo hecho --> me habéis leído palabras con las que trasmitía mi desencanto hacia el mundo editorial y mi desprecio hacia toda una serie de robabolsas y serviles que lo pueblan.
He llegado a reconocer que de tanto oírles ultrajarme —siendo como son gran parte de ellos referentes sociales de progreso y justicia—creí ser ese ser ególatra y patógeno que coincidían en que había despreciado su cariño e infectado sus esperanzas.

Fueron tantos los que me llamaron loco, que al final fui y enloquecí.


Pero, ésa es mi verdad basada en mi experiencia. Confío en haber aprendido de ella, y ahora que vuelvo a navegar por aguas editoriales, espero saber mantenerme alejado de arrecifes donde encallaron mis ilusiones.





Otros, por fortuna muchos, han sabido, saben y sabrán pilotar por aguas creativas sin que su timón se enrede en ningún sargazo.

Sería fácil por mi parte reducir lo afortunado de su singladura a su suerte de no haberse enfrentado a los monstruos que yo combatí; a haber formado parte de una flota de hermanos de la costa; o a que navegaron por aguas tranquilas.

Pero debo reconocer que, en parte, el fracaso de mi primer viaje se debe a que creí estar en Lilliput, cuando en realidad me encontraba en Laputa, o al menos, mis compañeros de viaje fueron algunos de los más distinguidos hijos e hijas de esa tierra.






De entre los más avezados trabajadores de lo cultural que conozco, destaca Raúl Sastre.

Su compromiso como traductor atrajo desde un principio mi atención por lo acertado de sus textos, que lejos de ser una mera traslación idiomática, se convertían en una recreación expresiva.

A su trabajo de traductor, se une el de maquetador, asesor editorial o prologuista, conformando una figura muy sólida dentro del panorama editorial, y una persona muy afable en el plano vital.


Sinceramente, creo que cualquier proyecto al que aparezca asociado el nombre de Raúl Sastre es merecedor de su atención.



Aquí os dejo con el vínculo a una entrevista que realizó a Alan Moore y Melinda Gebbie.



Salud y suerte a todos.


© Nino Ortea. Gijón, 18-V-09







martes, 10 de marzo de 2009

Watchmen: yo vigilo el camino 3 de 3


-->
Me ha gustado Watchmen, bastante más de lo que esperaba.



La verdad es que la serie de 12 tebeos escrita por Alan Moore y dibujada por Dave Gibons no es uno de mis cómics favoritos, y menos releída ahora. Se me escapa de las manos pues el desarrollo de la trama es bastante florido y su resolución muy monda. Por otro lado, nunca necesité que nadie viniera a dignificar un medio como la Historieta. pues siempre me ha parecido tan lozano como cualquier otro, por lo que la labor ennoblecedora de la obra me pasó y pasa desapercibida. Si a esto le unimos el que en el relato si intercalan otras dos tramas que más que complementar la lectura, me parecen redundantes, creo que os queda clara mi opinión sobre esta obra. Tanto Tales of the Black Freighter, como Under the Hood, han sido adaptadas como cortos de animación, estando próxima su comercialización en dvd.


El principal atractivo que presentaba la producción era la figura de su director, Zack Zinder, quien ya en su obra de 2004, El amanecer de los muertos, me había atrapado. Y eso que a mí, con el cine de zombis me pasa como con las pelis porno: tanta demasía de carne se me acaba indigestando.
El gran acierto de Watchmen radica en el absoluto respeto a lo narrado en el tebeo. Pero, ¿hasta qué punto eso funcionará con un espectador ajeno a ls publicación?
Nos encontramos ante una distopía ambientada en una Norteamérica que pese a haber ganado la guerra de Vietnam se encuentra al borde del enfrentamiento nuclear con la U.RR.S.S. El presidente Nixon ha impulsado una ley en la que se declara ilegales a los justicieros enmascarados, que comparten fama con los Village People mientras son inmortalizados por Andy Warhol. El 12 de octubre de 1985 alguien comienza a asesinar a los antaño disfrazados, en una cadena de intrigas que parecen estar conectadas con una intención de acelerar el lanzamiento de misiles.
¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por nuestra seguridad?
¿Es la vida un mecanismo en el que todo encaja, cómo en un reloj?
¿Cuál es el papel de la violencia en las relaciones?
¿Por qué nos obsesiona medir el tiempo?
¿Cuál es el concepto de héroe en nuestra sociedad ?
¿Podemos confiar en los demás?
¿Llamamos hacer el amor al sexo cuando es aburrido?
Estos, junto con otros temas, sostienen la trama de una película donde vemos a los “héroes” matar a embarazadas, agujerear a enemigos, emborracharse, ser infieles a su pareja, violaciones… todo esto aderezado con música de Dylan, o Simon y Garfunkel, y un diseño de producción muy cuidado en su reflejo de lo oscuro y lo sucio. Zinder firma una película muy cuidada en lo visual y ágil en lo narrativo. Los actores se enmascaran perfectamente en sus personajes…
Sin embargo, al igual que hay vidas apasionantes al ser contadas pero desequilibrantes al vivirlas; la película, como el tebeo en el que se basa, vale más por lo que te lleva a pensar que por lo que te llega a contar.


Les dejo, el gran Pagliacci actúa esta noche, y aún tengo que maquillarme.
© Nino Ortea. 10-III-09

viernes, 6 de marzo de 2009

Los Wildcats de Alan Moore 1 de 7




-->
Los W.i.l.d.c.a.t.s de Alan Moore.



El firme propósito de Norma Editorial por acercarnos lo nunca visto en el mundo de la Historieta, los lleva a publicar —por tercera vez me menos de 10 años en nuestro país— la etapa central que el guionista Alan Moore desarrolló para los W.I.L.D.C.A.T.s. Dentro de poco, en su política de presentar lo archiconocido, nos revelaran que Clark Kent es Supermán, o que la novia de El capitán trueno se llama Sigrid. ¡Cáspitas!


No cabe duda de que el estancamiento de ideas que lastra a una industria centrada en buscar una nueva amenaza que asole Gotham, u otra encarnación mortal para el inmortal Thor, hace que la llegada de ciertos creadores a series que muchos consideran indignas de su arte, tenga una especie de efecto placebo en el aficionado, que recupera su confianza en la colección mientras dura la presencia en ella de El Autor.
Es tal el autoengaño del lector deslumbrado por un nombre, que en muchos casos ve gigantes donde solo hay viejos molinos, alabando trabajos que bajo otra firma despreciaría.
Todo indica que Moore está llamado a convertirse este año —de nuevo a disgusto— en el escritor de mayor peso en nuestro mercado; esperemos que su caso no llegue al extremo de John Buscema, dibujante convertido por Planeta en un Cid, que les permite ganar batallas editoriales con trabajos ya publicados en la noche de los tiempos. Este sacar a San Buscema a pasear, en cuanto amenaza sequía creativa, es una costumbre tan nociva para el mercado como publicar tebeos sin respetar su formato o descuidar a los artistas nacionales centrando las líneas editoriales en producciones foráneas.


Por lo que a mí respecta, ya veis, parece que siempre acabo volviendo a la obra del británico. Si hace contadas entradas, denunciaba el impago por parte de Andrea Parissi de mi trabajo como traductor, no acreditado, en la publicación de una de sus obras, Sizz; ahora vuelvo a trasmitir mi admiración por la figura del sugerente Moore, y a lamentarme de haberme cruzado con Parissi, sin adjetivarlo, que bastante tiene con saber lo que es.
Para que luego me llamen rencoroso… ¡Si soy un facilón!

Los Wildcats de Alan Moore 2 de 7


-->
¡Qué sueño el de aquel año!.
WILDC.A.T.s fue la carta de presentación de WildStorm, dentro del proyecto Image surgido en Mayo del 92, tras la diáspora de creadores producida a principio de la pasada década, motivada por la búsqueda de un mayor control económico y creativo por parte de los artistas sobre sus obras.


Mientras Malibú albergaba a nombres como Chaykin, Simonson o Starlin; Legend recogía creaciones de Byrne, Miller o Mignola; y DC respondía en Julio del 92 con el sello Vertigo; Image nacía con una característica que la diferenciaba de los restantes proyectos: sus fundadores (Liefeld, Lee, McFarlane,...) eran dibujantes cuya escasa obra había revolucionado el mundo del Cómic. Enarbolando la libertad creativa como banderín de enganche y basando su eslogan de alistamiento en más poder para el dibujante, acreditaban la exclusividad de sus artistas para este sello.



Esta utopía de los beneficios del Arte para el artista, esta tierra de promisión que prometía ser Image, poco a poco fue perdiendo sus aires renovadores. Los creadores —tras unos primeros números en los que se ocupaban de todos los aspectos de sus obras— fueron poco a poco abandonando el campo artístico para centrarse en el económico.
Los antaño espartacos se tornaron en patricios contratando a clones de sus lápices; el materialismo venció al idealismo, el dinero compró el Arte y la vuelta, a base de talonario, en diciembre del 95 de Liefeld y Lee a Marvel para desarrollar el proyecto Heroes Reborn, marcó el comienzo del fin del espejismo de unos artistas que —al igual que Sean Connery en El hombre que pudo reinar— soñaron que eran dioses olvidando su condición de mortales.
La adquisición en octubre del 98 de WildStorm por parte de DC, es la constatación de que el hombre propone y el dólar dispone, pues vivimos en un mundo donde lo pragmático se impone a lo utópico.


Los Wildcats de Alan Moore 3 de 7




-->
Los gatos salvajes de Mr. Lee.
WILDC.A.T.s aparece como un proyecto de serie limitada de cuatro números, visto su éxito, Jim Lee ayudado por Brandon Choi y por Scott Williams (miembros de Homage Studios génesis de WildStorm) decide desarrollar una serie regular. Tras cruzar a sus gatos con Cyber Force en los números 6 y 7, y desarrollar aventuras tecno-medievales en el 8 y 9, confía progresivamente guión y dibujo a otros artistas.



Chris Claremont pasa a guionizar los Cats centrándose más en desarrollar un personaje propio, Huntsman, que la serie. La llegada de James Robinson a la colección supone encontrarnos con su capacidad para reflejar lo humano de todo comportamiento heroico, a la vez que descubrimos los lápices de Travis Charest.
Del número 21 al 34 Alan Moore rubrica los guiones, firmando Charest la mayor parte del dibujo. Brandon Choi y Mat Broome serán el equipo regular hasta el cierre en el número 50, coincidiendo con la venta de los estudios.


Ya en DC, WILDC.A.T.s reaparece con un segundo volumen, ocupándose Scott Lobdell del guión y Travis Charest del dibujo, su incapacidad para garantizar una salida regular, hace que sean sustituidos desde el número 8, por Joe Casey y Sean Philips, dibujando Charest las portadas. A partir de entonces el otrora título estrella va perdiendo brillo, hasta encontrarse en su deslucida situación actual.


Si se busca una lectura coherente del material publicado en nuestro país, un orden aconsejable sería el siguiente —siempre teniendo en cuenta la edición de Planeta, aun caliente como el zinc bajo la gata—. El tomo WILDC.A.T.s, que recoge los cuatro primeros episodios, es el aperitivo que nos lleva al primer volumen de la serie, cuyo número 1 incluye el 0 y 5 usa. En su lectura intercalamos a la altura del 16 usa, el proyecto WildStorm Rising, cruce editorial ideado por James Robinson y Ron Marz; siendo aconsejable leer el WILDC.A.T.s Anual y Trilogy para comprender mejor la serie.
Planeta cierra su primer volumen en el número 23, (28 usa) coincidiendo con Fire from heaven, intento de reestructurar el universo WildStorm mediante una saga presentada en España en 20 episodios. Además de los números 10 y 16 de la odisea, que recogen el 29 y 30 usa de los C.A.T.s, conviene la lectura por lo menos del 4 y 19 escritos por Alan, estando dibujado el 19 por Lee.


El segundo volumen de la colección consta de 20 números, del 31 al 50 usa. Los cuatro primeros episodios cuentan con Moore, quien vuelve a la colección junto con Robinson, Charest, Lee o Choi en su episodio de cierre, realizando el pasaje Reencarnación, en el que retoma aspectos planteados por él en el pasado.
Planeta editó un tercer volumen de la serie, primero en formato de grapa y luego en prestigios, bastante interesante. A todo esto añadimos la serie limitada Voodoo: Dancing in the Dark, y el WildStorm Spotlight #1, centrado en la figura de Mr. Majestic, ambos guionizados por Moore; junto con los 4 cruces de los C.A.T.s con los X-Men, donde encontramos trabajos de Lee, Charest, Hughes, Ellis, Robinson,...
En caso de que el lector mantenga su apetito gatuno puede paliarlo con la serie de 10 números sobre Grifter, el tomo de Zealot, el prestigio Voodoo-Zealot: Skin trade, el primer número de Image Plus, el Obras Maestras 29: Cyber Force/ WILDC.A.T.s: Instinto asesino, los libros de fichas sobre los personajes, el Spawn/WILDC.A.T.s —miniserie de cuatro números que cuenta con guión de Moore y dibujo de Scott Clark— o el encuentro del grupo con los Aliens, realizado por Warren Ellis, Chris Sprose y Kevin Knowlan, editado en España por la editorial mejicana Vid.


¡Pufff! Dejadme que coja aire, que con tanto guarismo voy a montar un numerito.

Los Wildcats de Alan Moore 4 de 7


-->
Vuelta a casa

La llegada de Moore a la colección se produce ya finalizada, en el número 20, la inclusión de la serie en WildStorm Rising; de hecho, Brandon Choi, planifica el WILDC.A.T.s 21 junto con el Stormwatch 25 como epílogo para la saga. El británico que con el Spawn 8, había comenzado su vinculación con Image, firma en un principio por cuatro números, para acabar participando en 15 episodios de la serie regular, a los que habría que sumar todo su trabajo relacionado con la franquicia.


En los casi tres años de vinculación de Alan con los Cats (julio del 95 - junio del 98), destaca su excelente reflexión sobre la utopía desarrollada del 21 al 28.
Como suele ser habitual con sus trabajos dentro del género de aventuras, asistimos a un relato basado en la dicotomía narrativa. La lucha física contra el mal va interlineada a una disputa interna de los personajes con sus miedos y sueños que al cumplirse se transmutan en pesadillas.
Centrándonos en la trama de Homecoming, Alan parte de premisas argumentales heredadas, para ir redefiniendo a los personajes y mostrarnos otros nuevos. Su presentación de Hadrián atrapado entre el amor y la obligación dota al personaje de un dramatismo que nunca había alcanzado. Su creación de una Maxine pendiente de saciar los impulsos del bajo vientre en las situaciones más inesperadas, muestra un humor nunca visto en la serie.
Construye un relato lleno de fuerza e intensidad, centrándose en una narración progresivamente absorbente. Su discurso sin desdeñar los ingredientes de acción característicos del género, va centrándose en una meditación, nunca un juicio moral, sobre la imposibilidad de vivir las utopías, asunto ya abordado en Watchmen o en el anual número 11 de Superman: El hombre que lo tenía todo.



Los Wildcats de Alan Moore 5 de 7




Así en el cielo...
Moore recurre a la narración en paralelo de dos tramas contrapuestas: asistimos a la simultánea desunión de un grupo y la consagración de otro. Los WildCats originales (WC.1), alejados de la Tierra tras una batalla en la que una vez más salvaron a nuestro planeta de la amenaza daemonita, alcanzan el planeta Kera. Nada más llegar comienza a parecer la otra cara del sueño kerano, donde los Cats no querubines son considerados subalternos de Zealot y Emp.
En su proceso de transformación de la utopía en distopía, el escritor realiza un avance gradual. En principio presenta un orbe cercano al Mundo feliz de Huxley, para acabar mostrando una sociedad vecina de la que Orwell plasmaba en 1984, o More temía en V de Vendetta. Para ello recurre a figuras realistas y a estructuras sociales que se han producido a lo largo de la Historia.
La organización en castas en la que unos elegidos gozan de unos privilegios ajenos a la mayoría de la población nos habla de la desigual sociedad capitalista; el bipartidismo Panteón-Coda, es fácilmente extrapolable a la división socialdemócratas-conservadores o demócratas-republicanos; el utilizar a los titantropos —aborígenes de Kera— como barata mano de obra que habita unos bajos fondos convertidos en reservas, tendría su paralelismo en el trato dado por los europeos a los nativos americanos o en los guetos en los que se recluye a los inmigrantes; la derrota de los daemonitas y la humillación a la que son sometidos recuerda el trato sufrido por Alemania tras las Guerras Mundiales; su confinamiento en campos de concentración, los sitúa al borde del Holocausto sufrido por los judíos.



La ruptura del grupo es mostrada a través del monólogo interior de los personajes. Estos no actúan como hermandad, presentan reacciones individualizadas ante una realidad que experimentan de forma diferente. Emp y Zealot no ven esta verdad, al igual que Superman en El hombre que..., están cegados por su anhelo de recuperar un mundo que creían perdido desoyendo los avisos sobre la irrealidad de su sueño. Será necesaria una intervención externa que les saque del letargo. Este despertar es amargo pues acarrea la toma de conciencia de que Kera —a falta de un enemigo— se ha convertido en aquello a lo que combatía.
Para el resto de los componentes del grupo este viaje iniciático conllevará comprobar la perversión de unos ideales por los que llevaban años arriesgando sus vidas. Al igual que los soldados aislados en las islas del Pacífico, desconocían que luchaban y mataban en una guerra ya acabada. La desaparición del elemento que les había mantenido unidos provoca una implosión del conjunto, al convertirse los antaño amigos en enemigos. Este enfrentamiento, manifestado claramente en la pelea de gatas Vudú-Zealot, no será solventado con la vuelta a casa de los WC.1. Al igual que le ocurría al Gulliver de Swift, su periplo más que físico fue emocional; a diferencia de aquél su viaje no aporta nada positivo.



Es inevitable no encontrar en estos pasajes un reflejo sobre el comportamiento humano, caracterizado por un continuo enfrentamiento entre semejantes. Lo único que nos hace unirnos es la amenaza de un tercero. En un mundo en el que la guerra fría ha desaparecido, reaparecen los odios tribales en pueblos antaño unidos. Por desgracia es posible que muchos vean como el único medio de alcanzar la utopía de la paz mundial, la solución que Ozyman plantea en Watchmen o el partido coda en esta serie: el asesinato de una minoría por el bien de la mayoría.


Los Wildcats de Alan Moore 6 de 7


-->
... como en la tierra
Paralelamente Moore intercala otra narración, presentando a lo nuevos WidCats en un proceso opuesto al de sus predecesores. Para realzar el contraste no sólo recurre a equipos diferentes al plasmar las andanzas de cada formación, también utiliza otro estilo narrativo. El nosotros se impone al yo. Lo que empezó como una asociación a desgana de cinco desarraigados, se transforma en la unión de unos héroes que ven como el compartir sus alegrías y tristezas les humaniza. Por ejemplo Maxine, tras cuya metálica apariencia y su comportamiento de asesina nata, se encuentra una joven necesitada de afecto, pero que al igual que el preclaro Camilo VI, siempre se va a enamorar de quien de ella no se enamora.



Las ansias de cumplir sus sueños, superar a sus hermanos, mantener el espíritu kerano o vencer su pasado, los ciegan no viendo que en su interior se está gestando una amenaza, que cual gigantesco alien partirá su estructura y en el caso de Savant también el corazón. Pero eso no ocurrirá antes de que el nuevo grupo demuestre su valía y una mayor capacidad para solventar los problemas mundiales que los propios. Tal vez el mayor mérito de Alan se encuentra en como logra entretenernos con un relato sostenido en viejas estructuras. Los temas de patrulla dada por muerta, miembros recelosos de unirse al equipo o formación que cuenta con miembros de pasado delictivo no por clásicos dejan de funcionar, entremezclados con otros más propios de Moore.


Aparecen constantes referencias al mundo de los superhéroes, no sólo en las entrevistas a posibles miembros, cuyas sombras les delatan como integrantes del universo Image; o en la conversión de las desventuras de los WC.1 en una variante de la serie televisiva Perdidos en el espacio titulada MadDogs; alcanzando estos guiños su grado más notable en la figura de un bar donde se reúnen todos los héroes llamado Clark´s, cuyo símbolo recuerda al que decora el pecho de cierto superhombre y cuyo propietario se asemeja a cierto cryptoniano. Salpicado todo ello con referencias más o menos veladas al mundo de la viñeta: desde Tao leyendo un libro sobre 100 maneras en que los cómics arruinaron la vida del autor, a las reflexiones de Majestic sobre un mundo saturado de superhéroes —metáfora del exceso de oferta del mercado editorial—.


Nos reencontramos con la tendencia del guionista a mostrar cómo, incluso en las situaciones más desesperadas, el inquieto Cupido mantiene su espíritu juguetón. Al plasmar sentimientos tan comunes como el amor, la frustración o la envidia, humaniza el discurso y aporta una subtrama mundana igual de atrayente que la heroica, aderezada con variopintas referencias culturales: junto a los Power Rangers, o el imperio Kingon de Star Trek, hallamos ecos de personalidades como Doré, Bruegel o Piranesi.


Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative