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lunes, 2 de febrero de 2015

Tic, tac, tic, tac…



De sus montañas a mi locura 2015

(Esperpento sobre cómo MjOs entró en la consulta del Dr. Alexander Zorba creyendo ser Tino y salió sabiéndose Nino)



Tic, tac, tic, tac… Entrega 1 de 10.





Bajo el nido del reloj de cuco, Nino observaba en silencio la camisa de fuerza que hacía poco abigarraba su pecho y espalda; y que ahora se balanceaba en una percha, como mecida por la música que llegaba del altavoz:

Reloj no marques las horas

Porque voy a enloquecer

Ella se ira para siempre

Cuando amanezca otra vez

No más nos queda esta noche

Para vivir nuestro amor

Y tu tic-tac me recuerda

Mi irremediable dolor




Donde manda lo lunático, las camisas de fuerza se ponen de moda.


Hola, este relato forma parte de la antología «Nada ha sido probado», disponible en Amazon por 0,99 €.


Gracias.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Recomencemos


La vida de sus labios
La miel de sus caderas
el goce infinito que fue verla....
No llevaba pintura alguna
su cara sin edad
reflejaba lo que yo quería ver y sentir
Tanto la había esperado
que no supe cómo reaccionar..
.o mejor dicho sí lo sabía.....
La había soñado sin conocerla....
sus caderas breves y sensuales su comportamiento de niña....







viernes, 19 de diciembre de 2014

EL CASO DE LA LECTORA ENSOÑADORA (PRÓLOGO)



Buenas noches de mañana, mis queridos hijos imaginados:

Antes de que vayáis a acostaros, aquí vuelvo para fabularos cómo desconocí a (una de) vuestra(s) madre(s).

Retomo mi ficción bibliotequeante donde había quedado renqueante:




Entré presto en la sección de préstamo y tras coger un volumen con muchas fotos, recordé uno de los muchos rotos de mi etapa de estudiante. Ésa en la que yo ya era un poco tunante y frecuentaba la biblioteca por si se me sentaba delante alguna karateca de sonrisa deslumbrante cual bola de discoteca.

Con el tomo en la mano decidí sentarme en la sala de estudio, que no es plan el que a uno lo vean por la calle con un libro, pues de ahí se podía creer que pienso e incluso que albergo ideas propias. Y ya me señalan bastante en la calle por feo, ¡con lo que no quiero que además me afeen por mal pensar que leo!

Llevaba diez minutos sentado tras mi visita al excusado, la verdad que me sentía aliviado; aunque me empezaba a aburrir tras haber acabado el visionado de todas las fotos que aparecían en la biografía de nuestro poderoso líder Pablo Iglesias: El Cielo se toma por asalto y la cerveza sin basalto.

En aquella sala todo era silencio y hasta las moscas distraían sus vuelos para no dificultar, con su aleteo, la lectura de tanta criatura que permanecía pendiente de las pantallas de sus teléfonos móviles mientras ignoraba el desparrame de apuntes y libros que tenía enfrente. Después de reparar en que allí quien no leía, escribía; me puse a rellenar la quiniela, fiel a mi empeño de no hacerme rico trabajando, sino apostando. 

Dicen que la suerte del feo, la envidian los guapos. Gijón debe de ser una ciudad llena de hombres horrorosos, pues aún no me ha tocado ni lo puesto en una primitiva.

Hablando de primitivo: algo parecido al instinto del bajo vientre convirtió mi sangre en vino tinto. Fue verla y me quedé embebido, sólo quería saborear la vida de sus labios y la miel de sus caderas.




Y bueno, mis imaginados niños, veo que os estáis quedando dormidos y acaba de amanecer el día. Si os apetece leerlo, aquí oscuento el resto de esta histeria.

Felices sueños y mejores ensoñaciones.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Y soñaba el lego que escribía



Fantaseados hijos que no engendré, creo que ha llegado el momento de fabularos cómo desconocí a vuestra(s) madre(s). En los meses venideros, os contaré la historia secuenciada de la manera en que en mi huir de los loqueros me alejé también de mi(s) mujer(es) reverenciada(s).



 Sí, ya sé que vosotros preferirías que siguiera silenciando esto que ahora me estoy inventando. Pero ha llegado el momento de exorcizar con sinrazón lo que, ya cincuentón, vivo con desazón. Los actuales son tiempos para enloquecer, no de placer del corazón y sí de padecer del riñón; tiempos propicios para embellecer con mi chifladura, a la que fabulo de acto de cordura al reconocer aquí cómo no ocurrió lo que nunca estuvo a punto de pasar.


Creo que lo que más nos separó a vuestra(s) madre(s) y a mí fue que nunca la(s) busqué(s) en el lugar adecuado. Sería fácil culpar, de este desencuentro que os cuento, a mi querencia por los lugares aviesos y a mi tendencia a las alegres traviesas. Continuamente la(s) ansié en noches de bares y alcohol, en mujeres escasas de prejuicios y sobradas de vicios. Confundí experiencias gozosas con venturosas, confié en que las noches siempre me acogerían en sus derroches.

Pero ha llegado la luz de la mañana; y en este claroscuro sin cariño futuro cargo con la cruz de la soledad. De haber buscado a vuestra(s) madre(s) en otros lugares, ¡la de pañales que os habría cambiado! Bueno, eso que salí perdiendo.


El caso es, mis queridos niños, que ayer de tarde aceleré el paso hacia una biblioteca pública: la naturaleza me llamaba y a casa a tiempo no llegaba. Tras salir del cuarto de baño pesando menos que antaño, decidí que leer un libro este año no me haría daño. El último lo había ojeado en 1984 y, a falta de un gran hermano, conocí a una crujiente humana. Sin ser idólatra soy supersticioso, ¿y si sostener un libro es el conjuro para la noche más hermosa?


Ahora se hace tarde, pero la próxima semana a esta misma hora, os fantasearé uno de mis sucedidos más idos: El caso de la lectora ensoñadora.

Y ahora a dormir y a soñar. Permitiros por unas horas ser libres.

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