Creo
que un escritor de ficción necesita hacer que sus relatos resulten ficciones amenas
y creíbles. De nada vale escribir con muy buena técnica, si lo que escribes
aleja de tu relato al lector.
Mi
recurso para ser ameno es mantener un buen estado de ánimo cuando escribo, para
lo que evito estar rodeado de personas o situaciones molestas o plomizas. Así mismo,
procuro transmitir esperanza en lo que escribo. A tal fin, recurro a plantear un
final que esté abierto a ser continuado en la mente del lector.
De cara
a resultar creíble, hago que quien protagoniza cada una de mis ficciones sea
una idea, no un personaje. Esa idealización es la que hace que una historia sea
universal, que entretenga al ser leída en otros tiempos y por otras personas.
En el mundo de la “Imaginación recreada”, mi idea relatada convive con cada una
de las que aportáis sus lectores. Muchas veces vuestras ideas son diferentes a
la que subyace en mi “enninación”, incluso
las encuentro más sugerentes que la mía.
Como ejemplo de este ideario comunitario basta la utilidad de este blog, donde recibo comentarios que me enriquecen y motivan. Los lectores os convertís en cocreadores del contenido de «Ven y enloquece», no sólo al recrear fabulaciones que hacéis vuestras, sino que al proponerme temas de escritura, como ha hecho Sakkarah Carmen Magia con la delicada sugerencia que me planteó:
“Me podías dar tu interpretación para comprenderte
mejor, si quieres :)”.
Al
mostrar interés por el origen de mis ideas, ayudó a que naciera en mí la idea
de reflexionar de manera esporádica sobre cómo ideo lo que escribe el ficticio
Nino Ortea.
La que
nace en mí como idea ilusoria, se convierte en personaje creíble gracias a
vuestro interés por lo que él cuenta. El amor es la mejor forma de dar vida, de hacer
que una idea ficcionada se convierta en agente de la realidad. Es vuestro amor
el que da forma corpórea a mi idea ilusoria de ser un escritor, es gracias a
vuestro aprecio que Nino Ortea es real: él firma este blog, mantiene varias cuentas
en redes sociales y figura como autor de siete obras de ficción.
Mi
ideado es una mentira que escribe mentiras; pero no es un mentiroso: es un escritor.
Y escribe sobre su verdad. No sobre la verdad que está ahí fuera, sino sobre la
que el crea al convertir la ficción en algo real: en relatos, en cuentos, en
artículos… en esos actos de ilusionismo que él y yo llamamos “enninaciones”.
Si
os resulta amena la lectura de este tipo de reflexión creativa, seguiré
escribiendo desarrollando la idea.
Gracias
por vuestra compañía.










