
Desde hace más de cuarenta años, la aparición de la especie mutante ha provocado una serie de alteraciones en el noveno astro del Sistema Solar Artístico.
Sí, hablamos de El Planeta Historieta, al que algunos creen extinguido, reducido y guardado para su salvación en botellas de cristal que pueblan bibliotecas de soledad; y al que muchos de los que saben de su existencia lo consideran un páramo cultural, tierra de Nunca Jamás infantil a la que no hay que regresar una vez superados los albores de la adolescencia.
Somos pocos los Vigilantes que, desde la zona azul de La Luna, prestamos atención a Mundocómic; y, además, nuestra hermandad se encuentra fraticidamente dividida entre seguidores y detractores del Mainstream —la ideología más extendida en El Noveno Mundo—.
Alistado forzosamente en la facción pro hombres voladores en leotardos, los recientes cambios que ha experimentado la especie X, han atraído mi atención.
El informe subjetivo que sigue a estas palabras es fruto de mi investigación distendida.
Cómo solucionar los problemas del corazón en situaciones adversas.
Los primeros actos públicos mutantes se producen en diciembre de 1963, orquestados por los líderes y creadores del partido Universo Marvel: Jack Kirby y Stan Lee.
Prescindiendo de la paternidad genética de esta especie –lo que se vendía como un dos por el precio de uno, se acabó convirtiendo en un Jackfonso no des más guerra y vete con tu hermano– lo cierto es que los Hombres-X, llamados así por presentar un cromosoma identificado con dicha letra, se agruparon formando patrullas que intentaban reproducir el modus vivendi de la casta dominante: los superhéroes.
Con todo, no evitaron ser calificados como raros –uncanny– y experimentaron una involución que acabó poniendo en peligro la pervivencia de su estirpe, pese a que entre los líderes que guiaron su desarrollo se encuentran reputados doctrinarios como James Steranko, Neal Adams o Roy Thomas.
Tras años de vagar por desiertos creativos cuyo único oasis artístico era la reedición, todo cambiaría en mayo de 1975. Comandados por el excepcional Chris Claremont, los hijos del átomo experimentaron una segunda génesis y una posterior evolución, que no sólo aseguraron la supervivencia del linaje sino que lo llevaron a convertirse en la raza dominante.
John Byrne, Alan Davis o Paul Smith no son ajenos a esta transformación exitosa, que llevó a príncipes submarinos a renegar de su abolengo regio y a airear su condición de mutantes primigenios.







