sábado, 3 de diciembre de 2022

El hombre de dos cabezas VI

 

Jerome Charyn’s Movieland, chapter 10: Two-Headed Man

El hombre de dos cabezas VI

 

¿Qué pasaba con las personas? Es sorprendente cómo se quedaban allí adheridas a los estudios, cómo éstos dominaban sus vidas y mentes. Los estudios rezumaban una excitación, una sensación de vida, una esperanza y un propósito, hasta cierto punto, difíciles de explicar”.

Era como el castillo de Kafka, aunque había ocho o nueve de ellos en La tierra de las películas, y podían ser “allanados” si uno poseía las credenciales adecuadas. Nada funcionaba sin estos reinos-castillo, Paramount, Warner, MGM... o formabas parte de las calles de sus laberintos o no existías.

Fuchs solía pasear por los decorados en las tardes soleadas, visitar “las calles del Western, los muelles, las vacías cocheras para trenes, el adormecido pueblo pesquero New Bedford con una ambientación de hace ciento cincuenta años. Veo a los bravos del estudio con sus disfraces y su perpetua actuación.”

Pero no era tan idílico cuando Fuchs tenía que bucear en su ensoñación. Él había pasado por “los holocaustos de Huntington Park y Long Beach; los furtivos preestrenos de sus propias películas, cuando la audiencia pincha”.

Una vez, en la decimocuarta semana de un encargo, durante la cual no había escrito una palabra, se pregunta si “puede pensar en alguna forma de cometer suicidio sin morirse”. Se ofrece a no cobrar, pero sus jefes lo miran como si estuviera loco. "¿Cómo podemos dejar que trabajes gratis?”. 

Caricatura de Daniel Fuchs,
por David Levine

Fuchs encuentra la respuesta con una deslumbrante claridad que me asusta: “Todo lo que tengo que hacer para suicidarme sin morir es asesinar al productor”.

Siente un afecto curioso hacia ese “matón, cruel y despiadado Harry Cohn de Columbia, quien al ver a Fuchs paseando por Beverly Hills con una caja de dulces, se recrea diciendo “que la elevada suma que su compañía le paga... se va en bombones” y en el vestido azul que la esposa de Fuchs viste.

¿Qué hay del conquistador, Daniel Fuchs? Williamsburg ocurrió en otra vida. El crítico Daniel Golden ve una especie de angustia judía en el viaje de Fuchs. “El trabajo de Fuchs ha seguido a un segmento de su pueblo desde su desamparo financiero y físico en Brooklyn, a un empobrecimiento mucho más metafísico en la más adinerada y moderna California.”

Qué párrafo tan agradable y bonito: de novelista al estilo de Dostoievski, rico en espíritu, a personaje en “bancarrota” en Beverly Hills.

Pero yo veo un viaje diferente. No estoy tan seguro de que Fuchs se hubiera convertido en un mejor escritor de haber permanecido como “interino permanente” en Bristol Beach. Era la clase de trabajo pesado que habría derrengado un caballo. Yo debería saberlo. Fui un “substituto permanente” en una era posterior, un profesor itinerante de instituto.

 


«Movieland: Hollywood And the Great American Dream Culture»;

 es una obra de Jerome Charyn, publicada por la editorial Putnam ©®.

 

 

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