Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

martes, 27 de octubre de 2009

Sus montañas y mi locura 001



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—Bueno, y en cuanto firme estos papelitos podrá irse de éste su gabinete.

—Perdone, doctor Caligari, pero creo que su impresora está estropeada. Los documentos aparecen redactados en una palabrería inintelegible.

—Deje, hombre, deje. No canse su vista leyendo la letra pequeña. Venga, haga caso a su médico y firme repetidamente ahí.
No allí no,
aquí,
justo debajo de donde pone “timaden”

—Pero…

—Olvide los peros y las esperas... ¡Es usted la pera, señor mío! Acuérdese de a dónde lo llevó su constante actitud crítica.
Es usted un hombre renacido, y bastante inculto, pues eso que usted en su analfabetismo califica de “palabrería” es la transcripción detallada al arameo de nuestro acuerdo de no confidencialidad (por mi parte) sobre lo vivido entre estas 33 paredes.
Yo que usted, primero me haría una operación estética y luego me dedicaría vivamente al estudio de las lenguas muertas. ¡Que nunca se sabe cuándo podemos echarnos una novia con ganas de desempolvarse!

—Muy agradecido, preclaro doctor.
Desde luego, gracias a usted me siento retoñado… ¡Y pensar que hace apenas dos meses estaba obsesionado con escribir en ese blog, desvivirme por las vivarachas pellejudas y asentar mi peluquín!
Ahora, cual Lázaro, he renacido y no desaprovecharé las oportunidades engrilladas ni desoiré sus consejos. De vuelta a casa, me pararé en Corporación Terroestética (donde creo recordar que me dijo que trabaja su hermano genético, Méngele). Y después consagraré mi vida al estudio de los dramas protogermánicos y a cortejar a mujeres aerofágicas, como su sudada esposa. Cuyos olores guarde muchos años.

—No hay de qué. Eso sí; en este momento no me de las gracias… ¡Me conformo con que me devuelva mi pluma! Aunque, Marcelinín, debo admitir que para mí fue todo un reto lograr que se bajara del seto de su imaginación torticera del que constantemente se empeñaba en despeñarse, cual gorila precipitado de un rascacielos.
Recuerde: frecuente círculos alternativos. Allí encontrará la compañía más excelsa: falsos librepensadores y auténticas mujeres barbudas. ¡Con su verborrea insulsa, lo mismo acaba usted de líder sindical sin romper su voto de no trabajar en su vida!




. Nino Ortea. Gijón, 27-X-09

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