Ven y enloquece

Ven y enloquece
Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

jueves, 31 de diciembre de 2009

5 minutos más, y me levanto.


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¡Hola a todos!
Quizás en realidad sea un oso, y deba olvidarme de mis ensoñaciones gorilescas con la figura de Kong. Aunque para mantener mi condición de “king” no me iría a ninguna hamburguesería, si no que elegiría reconvertirme en el oso que comió a Favila. ¡Ñam, ñam!

Perdonar esta zooloflexión. Es que me estoy comenzando a despertar tras mi hibernación de 6 semanas, y la verdad es que todo me sabe a miel. ¿Me lames?
Después de 6 años (desde el 3 de junio de 2003) de actividad enardecida necesitaba descansar de todo, especialmente de mí. Y esto de tumbarme a la bartola —y hacer del barbecho un hecho— me está sabiendo a ambrosía de gominola.
La verdad, necesitaba descansar.
Sabido es que entre la condición de excéntrico y la de loco, dista la firma de un juez; y como hay mucho emplumado al que no le cuesta afirmar lo que no sabe., antes de que me encarcelaran me encerré.
Ahora que mi vida es tranquila, pero no aburrida —gracias a ti—. Ahora que ningún espejismo me lleva a saciar mi sed con arenas de soledad. Ahora que ha finalizado la guerra civil entre mis tripas y mi corazón, lo que necesito es seguir durmiendo, aunque sólo sea un rato. Sosegarme en este sueño reparador al cobijo del avalon de tu regazo, mi dama del lago.
Hay vida fuera de mi osera, lo sé. Y también sé que la he desusado. No sólo he silenciado este blog, también se apilan emilios por contestar en los que se me felicitan las Fiestas, correos por reenviar o textos por leer en blogs amigos.
Me desmotiva Internet. Me da miedo la soledad que ampara, y la facilidad con la que —en ese mundo de factibles— los insolentes nos podemos convertir en engreídos.


Además, como esta misma tarde me recalcaba el sincero Guindilla —gracias por la naturalidad— he trasladado mi recogimiento interior, al exterior de mi entorno social.
Me da pereza ponerme una máscara para salir a la calle.
Mi ausencia física ha llevado a más de una a alegrarse —¡Bien, ya se lo han llevado los marcianos de vuelta a su planeta!—; y a más de dos a preocuparse por mi estado anímico.
Estoy bien.
Continúo mi línea progresiva de simbiosis con las pequeñas cosas. Vamos, que no me veo como Calimero ni como Tony Manero. Pero, como hay mucha lectora de contraportadas de libros de autoayuda, cuyo mayor placer —chocolate non mencionatus est— en la vida es el de afirmar que, quien sostiene que está bien lo hace para ocultar que se está desmoronando, pues cambiaré mi aserción: ¡No estoy muerto, estoy de parranda!

Volveré pronto aquí y allí, en cuanto eche unas cabezaditas más. Mi componente exhibicionista —disfrazado de necesidad creativa— me impedirá guardar reposo por mucho tiempo. Pero ahora dejadme apagar la luz de la razón y dormitar –quizás vivir— 5 minutos más. Cuando, tras levantarme, vuelva a sentarme frente al teclado no lo haré por inercia, lo haré con ganas.

Antes de volver a morfear, dos digresiones cinematográficas:

—Hoy, 30 de diciembre de 2009, ha muerto Iván Zulueta. Ver su poderosa película Arrebato en los cines Hollywood, me abrió muchas ventanas.
—La noche de fin de año, a eso de las 2 de la madrugada, la desanuncida segunda cadena emitirá el filme Cache (Michael Haneke). Una acerada reflexión sobre la confianza y el olvido.

Os deseo lo mejor en este 2010 que está por vivir. O que ya será historia —espero que feliz— para ti, dependiendo de cuando me leas.

¡Salud y suerte, compañeros!

I wanna do bad things with you.

©Nino Ortea. Gijón, 31-XII-09

domingo, 20 de diciembre de 2009

Nineando

Ojalá que en este año, la Realidad os acerque a vuestros deseos.


Eso sí, ahora y siempre: ¡Sin piedad con los miserables!


Bueno, y ahora me voy a hacer el interesante y a seguir leyendo, mientras espero a que monte un belén en el portal de su escote. Confío en que este año no me toque otra vez hacer de buey...





¡Cuidaros!