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viernes, 6 de enero de 2023

Noche de Reyes, una narración de Nino Ortea


 Pulsa en este enlace si quieres escuchar el relato mientras lo lees:

https://youtu.be/Axe5YVyxI_4

 

Durante mi infancia, mi día favorito del año era la noche del 5 de enero.

No por el hecho de saber de antemano cuáles iban a ser los regalos que recibiría –mi carta era cumplida por los Reyes Magos con la misma fidelidad con la que papá acataba las listas de la compra que le facilitaba Susi–, dejaba de morirme de ganas de tenerlos cuanto antes.

De hecho, redactaba varios borradores de la carta antes de escribir su versión final junto a papá, para que él se asegurara de que mi misiva no contenía ninguna falta y así evitar que “Sus Majestades” me trajeran carbón como castigo a mis descuidos ortográficos.

Cada tarde de Noche Buena, mi padre me acompañaba a confiarle la lista de peticiones a un Príncipe Aliatar de cartón que presidía el departamento de juguetes en Almacenes Navarro.

A sus pies estaba colocado un cofre donde yo depositaba la carta, luego de haber vuelto a comprobar que el sobre estaba bien cerrado y que mis datos en el remite eran los correctos.

En esas noches del cinco de enero me acostaba pronto –costumbre que aún mantengo hoy en día–, anhelando que la mañana llegara lo antes posible. Y así ocurría, la noche se convertía en la más corta del año; de hecho, papá siempre se levantaba con cara de haber dormido muy poco.

En mi infancia pensaba que el adjetivo de “Magos” lo debían esos “Reyes” a su habilidad para entender la letra de los millones y millones de niños que les escribíamos. Mi caligrafía no debía de ser tan mala como aseguraban los profes, pues cada madrugada del seis de enero encontraba todos los regalos que había pedido y con las características que había indicado en la carta.

En caso de que faltara alguna de mis peticiones, me encontraba una nota aclaratoria donde se me informaba de que recibiría el regalo lo antes posible, ya que en esa noche “Sus Majestades” habían priorizado hacer ese obsequio a algún niño más necesitado.

De todos los presentes que recibía, sólo me sorprendían los que mamá me dejaba, invariablemente, sobre el piano. Solía encontrar un trío de álbumes en tapa dura con las últimas novedades editoriales del Capitán Trueno, Mortadelo y Filemón o Tintín.

Mamá también me regalaba algunas novelas de aventuras –mis autores favoritos eran Salgari y Verne– y el mejor de los obsequios: ¡una breve carta escrita por ella! En el ejercicio de su magia, los “Reyes” lograban que mi madre me escribiera un mensaje breve con su hermosa letra –la reconocía por saberme de memoria las notas que ella le dejaba a papá–. En su mensaje me pedía que le leyera alguno de esos libros y tebeos cerca de su cuarto, para así poder escucharme.

Yo no tenía tanta suerte como “Sus Majestades”: nunca había visto en persona a mamá;… ¡pero no por eso dejaba de quererla con toda mi alma! Tampoco había visto ninguna vez al aire y me resultaba igual de imprescindible en la vida. Ya de niño sabía que el amor está en el corazón, no en los ojos ni en los oídos.

 

youtube.com/@NinoOrtea

 

Gracias por tu escucha/lectura atenta.

Si tienes a bien darle a “Me gusta” a esta narración en mi canal de YouTube, o redistribuir el enlace para que otras personas puedan escucharla te estaré muy agradecido.

 

https://youtu.be/Axe5YVyxI_4


Sea la que haya sido tu respuesta a mi petición de apoyo: gracias por venir y enloquecer.

Te deseo un feliz Día de Reyes, amable leyente/escuchante.

@NinoOrtea


jueves, 14 de mayo de 2015

Este jueves, un relato: Enigma musical

El Demiurgo de Hurlingham es quien coordina esta semana nuestra antología de relatos, proponiéndonos a tal fin el tema “Enigma musical”. En esta entrada en su blog figuran los enlaces al resto de relatos compartidos.



Temí no poder participar en esta edición, pero recordé que un fragmento de mi novela inédita Condenado a revivir encaja perfectamente en la temática sugerida de enlazar un relato recurriendo a referencias a un grupo musical. 


This image has been taken from the Internet, where it was unattributed.



This image has been taken from the Internet, where it was unattributed.



domingo, 26 de abril de 2015

Kin, una historia de Gary Frank 2/3



Todo indica que pasará tiempo antes de disfrutar de una nueva entrega de esta epopeya. A diferencia de otros colegas devenidos en creadores totales, Frank prefiere tener el conjunto del trabajo finalizado antes de comenzar su publicación. Y dado que a la altura de la tercera entrega de este arco argumental, ya necesitó ayuda en el entintado para avanzar en su desarrollo, probablemente el nuevo ciclo narrativo tarde un tiempo en ver la luz, pues ha manifestado su intención de firmar la totalidad del dibujo.
© Gary Frank & Top Cow.


Esta dilación ha desatado críticas de parte de los lectores, pesimistas al ver como Descent of Man concluía con sus subtramas abiertas. Sorprende comprobar que la paciencia y confianza que depositamos en otras manifestaciones artísticas, se la negamos a la Historieta; arte donde muchos aficionados parecen más bien acumuladores de papel, prefiriendo la garantía editorial del continuará mensual, a la promesa creativa de ofrecer lo mejor de uno mismo en el momento adecuado. Realidad aplicable a nuestras vidas cotidianas, donde muchas veces optamos por la seguridad de lo rutinario, y desechamos promesas sinceras que vemos como quimeras.



El planteamiento inicial de la serie parte de la ucronía de plantear la pervivencia de especímenes de la raza neandertal en la actualidad. Estos se encuentran lejos de la imagen que tenemos del cavernícola, y han desarrollado una civilización muy avanzada, basada en una relación de equilibrio con la Naturaleza y la Materia que la forma. La posibilidad de apoderarse de esta tecnología ajena, y el deseo de aniquilar a todo aquél que es diferente, tan característico de los descendientes de los hombres de cromañón, hacen presa en los dirigentes de una de esas organizaciones supersecretas del gobierno estadounidense, tan eficaces en las fabulaciones y tan incompetentes en la realidad.

Las vidas de Bob, quizás el último neandertal libre, Elizabeth Leakey, probablemente la única deportista olímpica británica reconvertida en guarda forestal en Alaska, y de Trey Mcaloon, seguramente el último hombre honrado en una agencia corrupta, se entretejen como resultado de una sucesión de caprichos del destino y decisiones personales.

sábado, 21 de febrero de 2015

Rubén Paniceres on Steranko


Heroes are tired


Jim Steranko is an unquestionable architect of brilliant graphic images, and at the same time a modernizer of the way heroes appear in comics.

The artist gave a new focusing to the one-dimensional Marvel universe, crowded with seraphic paladins whose main quandary was trying to get their dream girls’ attention. He brings the awareness of the loneliness and unavoidable failure that present-day men go through.




His Nick Fury, Agent of Shield’s depiction goes beyond a James Bond hyperbole. Nick Fury lives out his adventures in a United Sates where the future is today. A Brave New World, which exhibits with baroque pop images, a landscape full of ornery citadels colonized by dadaism machinery, lustful apartments, neon mirages, cars emulous of space-ships, and many different gadgets. But, beyond all this paraphernalia that seems to proclaim the progress’ success, Nick Fury will uncover the face of assorted atavistic menaces.



The fascist Hydra faction, immortal and prolific, invades gigantic splash pages, where the disciples of wrath, yelling Hail to the iron dream of barbarity, increase to infinity. Evil is an enigma camouflaged behind a Celtic ghost’s semblance; hideous extra-terrestrial menaces appear disguised as apollonian archangels; prophets of eugenics bear a resemblance to both doctors Mengele and H. G. Wells’ Moreau. Or as an impenetrable arcane ruled by the signs of the zodiac, we face the demiurgic assassin Scorpio.
 

 But the most devastating aspect displayed by Steranko is illustrating Fury unable to save, nor even to understand, the ignored tragedy of a loser who, victim of fate, blows up while trying to speak with the ones he loves at a grimy telephone-box. Being unable to shelter the man in the street, the hero’s mission has no use, and the idea of leaving the stage prevails. The idea of getting that card Captain America reads at a fortune teller in a fair of darkness full of nightmares: “Tomorrow you live. Tonight I die”.



This trilogy, where he sketches with iron and sublime hand the masked titan’s crisis, is one of the best moments in Steranko’s career. He is a virtual stranger in a foreign land, prisoner of guilt, isolation and solitude. His only way out, as in an alchemical process, is dying, in order to revive and become, as Borges’d say, the other, the same. And this is the moral in Steranko’s work, the only way for a hero to live his life free is abandoning his mission.






As time went by, his graphic novels become portraits in noir form, Red Tide and Outland, where we’re introduced to detectives and futuristic sheriffs who understand their setting is poisoned by corruption and lies; therefore the only option left is throwing the badge, and walk from shadow to light.

But, first, they are to fight the final battle against the masks of iniquity. Their main aim isn’t changing the state of things, but recovering a quality in disuse today, dignity. The American author gives us a great ethical lesson that –in these times where almost everybody pacts with infamy– should make most of us meditate.



©Rubén Paniceres.
 


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