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jueves, 4 de junio de 2026

Todos menos tú

Sólo presto atención a lo que me interesa, lo que hace que no repare en lo que a la mayoría os resulta evidente. De ahí que en este blog escriba sobre lo que para mí son ninadas y para muchos resulten "perogrulladas". 

Desde mi percepción no nos comunicamos, sino que representamos. No trasmitimos la realidad de nuestros sentimientos. Sí que adecuamos nuestras palabras y actos a una imagen que queremos dar en esta sociedad llena de de escritores que no escriben y vividores que no viven.

Joaquín Sabina - "Todos Menos Tú"

El caso es ser nosotros mismos con nuestros ramalazos, mientras corretamos de rama en rama. Lo que nos consideren los desconsiderados, nos da de lado.


lunes, 30 de enero de 2017

Huyendo del frío

Mi querida Sidonie:
Creo que sabes bien que no sé soñar sin soñar contigo, ya te lo he dicho y escrito tanto en el muro de este blog como en cada pared permeable a la tiza.
 https://www.amazon.es/Nino-Ortea/e/B01MUF5B6S/ref=sr_ntt_srch_lnk_1?qid=1485625932&sr=1-1

Lo que creo que nunca te he contado es mi historia con Joaquín Sabina, más allá de esa anécdota, tan real como mi soledad sin ti, de que coincidí con él una noche en un bar después de un concierto.

Hubo un tiempo, Sidonie, –bueno más bien debería haberte escrito: “viví toda una vida”– en el que me desvivía por forzar la desmemoria. La Realidad era tan fea que decidí embellecerla con el olvido, para que así no se me atragantara el recuerdo de cada día.

Ya de niño se me olvidaba el camino a la escuela, y mi madre se veía forzada a llevarme de la mano al colegio para que no me despistara. De adolescente empecé a dejar abandonados, entre los renglones de mis libretas sin abrir, el dónde estaba y lo que debía hacer. El presente se acomodaba a mi capricho, y cuando no era así lo desvivía como si no hubiera un mañana. De aquella no me gustaba el Sabina que cantaba por la tele, era demasiado aburguesado para este niño mimado con anhelos de músico punk.

No fue hasta mi matrimonio que empecé a oírlo. A ella le encantaba Sabina y a mí cantarle a ella, con lo que empecé a incorporar al jienense a mi repertorio. Ella quería vivir un futuro con compromisos y yo no soy dado a tales excesos, así que se marchó con sus anhelos subida en su caballo de cartón; yo me quedé con su ausencia, mi atolondramiento y unas copias en casete de los discos de Sabina.

Y así fue, Sidonie, cómo empecé a escuchar a Joaquín Sabina para huir del frío de los recuerdos propios condenados al olvido ajeno.



martes, 1 de julio de 2014

El diario no hablaba de mí.



Hola, Esperanza:
Este sábado el periódico no hablaba de mí (ni de ti).
Creí que, tras haber blogueado y red-socializado el viernes la finalización de mi novela Buscando el olvido, los periódicos detendrían las rotativas para cambiar sus titulares. Pero me mantienen en la reserva.


Después de todo, la mía era una noticia de ilusión compartida; pero está claro que lo que a la prensa le interesa son crónicas de inocencias perdidas.
Y es que, frente al relato de la caída en desgracia de una princesa —la cual alega que enamorarse más de la cuenta fue una mala inversión—, nada interesa hacerse eco de mi canto a tu boca de fresa, Esperanza.

Ayer lunes, por el patio de luces oí cómo las del octavo derecha se carcajeaban al grito de “!Otra que le sale rana!”, mientras comprobaban que, en su noticiario, Piqueras no hablaba de mí (ni de ti).
Poco me conocen esas vecinas de lo ajeno, al creer que soy uno de esos amantes que tiran la toalla antes de que empiece su noche de bodas.

Salí a la calle, para acabar por enterarme en los bares de que entre mis conocidos se masticaba que “Si el iluso de Nino tuviera un buen padrino, los editores que saben de entelequias le publicarían sus papeles”.

Desde entonces me he encerrado en casa y sólo escucho canciones de Joaquín Sabina que hablan de ti y de mí. También me mantengo frente al ordenador, a la espera de mis veinte minutos de fama.

Y es que ¡qué falta de respeto!, ¡qué atropello a la razón!, por Twitter aún nadie me ha etiquetado como #NinoElDelNovelón.

Por lo que aquí sigo aguardándote, Esperanza. Sé que te gusta llegar con retraso; confío en que no llegues tarde.
Quizá mañana el periódico sí hable de mí (y de ti).

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