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lunes, 1 de septiembre de 2025

Continuará gracias a ti

 Como bien sabes, no es lo mismo seguir que continuar.

Seguir requiere obediencia grupal.

Continuar exige voluntad individual.

 

 Gracias por tu voluntarioso estímulo continuista.


 

domingo, 21 de abril de 2024

A veces nieva en abril, aún así es primavera


 Prince - Sometimes It Snows In April (Live At Webster Hall - April 20, 2004)

Hoy domingo el día ha amanecido frío y ventoso. Tú aún duermes, Frambuesa, así que nadie me hace sentir que es primavera.

Quizá la primavera se ha pasado de moda, como las americanas con hombreras o las inglesas sin tatuajes.

Quizá la primavera se ha pasado de largo; por lo que no debemos quedarnos cortos al venir a buscarla, fuera de los escaparates y dentro de nuestros corazones.

Quizá la primavera se sintió timada como una “prima” a nuestra vera, al sufrir que la usábamos para vestir a la moda y que no la aprovechábamos para sentirnos cómodos en nuestra piel.

Junto a ti he comprendido que cuando el desánimo deja de invernar en nuestro ánimo, Frambuesa, llega la primavera. El deshielo comienza si permitimos que nuestro sentir se temple con esperanza, si dejamos que brote el fruto del afecto sobre una cotidianidad escarchada por la desconfianza. Tal y como canta Prince, a veces nieva en abril, aun así es primavera. A veces la vida no nos da lo que esperamos, aun así es vida.

Yo, que soy otoño, me siento primavera al pensar en ti.

Afuera llueve y sopla el viento, en mí no hay lágrimas y el aire templa mis pulmones.

Allí, puede que aun anide el invierno; pero aquí es primavera: está dormida a tu lado. Tú encarnas el entretiempo que disfruta mi ánimo. Tú, Frambuesa, me ayudas a encontrar la razón para las nieves de abril. 

 

 

En memoria de Prince Rogers Nelson, fallecido hoy hace 8 años a causa de una sobredosis de fentanilo.

 

martes, 19 de febrero de 2019

Tony Curtis lo sabía


Ayer lunes he revisionado la película «Los vikingos» (Richard Fleischer, 1958).


Tony Curtis siempre me ha parecido un gran intérprete: versátil tanto en libretos trágicos como en cómicos, dotado de un físico grácil que lo hacía creíble en películas de aventuras y de un atractivo que lo equilibraba entre lo galante y lo pícaro.
Hablar de la mirada de Tony Curtis, de su capacidad para transmitir emociones, nos habla de un ser dinámico que transmite vida. Como hedonista que optó por deleitarse con vivir lo propio frente a limitarse a representar lo ajeno, fue maldito por la misma industria que él engrandecía. De ahí que una carrera de más de 100 películas se vea reducida habitualmente a su participación en una única producción: «Con faldas y a lo loco». Película convertida en leyenda al converger en ella la calidad técnica y la magia del azar.

Me solivianta el encontrar reducida la trayectoria de Tony Curtis al eco de un “Nadie es perfecto” que ni siquiera llegó a pronunciar. Palabras abordadas en una lancha rápida en la que él nunca llegó a navegar.
A este restringir su carrera a una única referencia, a ese referirnos a su interpretación usando referentes ajenos, unámosles un último agravio. Tony Curtis no guardaba buen recuerdo de esa película, en concreto de su relación con la —para otros, que no para él— icónica Marilyn Monroe.
Irónicamente no es el único.
Ni como persona, actriz o amante logró en vida Norma Jeane Mortenson provocar un interés prolongado en quienes la convivían. Una vez muerta, la evocación de su personaje de Marilyn aún embruja nuestros sueños.
Al final Tony Curtis se vio atrapado en el laberinto de Hollywood. Siendo un Teseo a la fuerza, que combatía al minotauro de la memoria selectiva para acudir al rescate de la memoria de una Ariadna cuyos labios no busca besar.

Hoy me desperté solo. Y me acurruqué pensativo en la cama antes de levantarme con galbana. En lo que va da día no he dejado de pensar que, al vistazo de ojos ajenos, probablemente mi vida perezosa tenga un paralelismo con la de Tony Curtis, mi trayectoria se reduzca a un único viaje. La diferencia entre ese actor y este escritor está en que soy el Dédalo que construye mi laberinto, el Ninotauro que acecha en él y el Ícaro que, para huir de su autoreclusión en la fantasía, se acerca tanto al Sol que sus alas de libertad se derriten al calor de la realidad.

Por suerte, en mi salón no brilla el Sol, sino el televisor. A su luz se derrite el barro de mi condición humana. Sin las limitaciones de la carne, me reencarno en las fantasías que pueblan la pantalla. Ayer volví a navegar en el drakar de Eric y besé a una Morgana cuyos labios sabían a frambuesa.
Ante la realidad de un beso se derrite cualquier fantasía. Incluso un vikingo errante necesita un puerto donde fondear su corazón. Tony Curtis sabía que el amor es el viento más favorable para nuestras velas vitales.



#MiércolesDePelícula

domingo, 16 de diciembre de 2018

Boina color frambuesa


Ayer por la tarde, una amable leyente –a la que bautizo desde ahora como “Brisa”– me preguntó cuánto hay de mi realidad en la ficción que articula mi novela «La gata vio al asesino». Dado que apenas la conozco –es una amiga de mi actual pareja, a la que identificaré como “Frambuesa”–, opté por contestar desde la prudencia y con curiosidad hacia lo que Brisa había ideado sobre mi realidad tras haber leído una ficción presentada en todo momento como tal.
Mi respuesta vino a ser: “Lo mismo que tú hayas encontrado que habla de ti. En un principio mis palabras no lograron el efecto que buscaba, ya que Brisa empezó a hablar de generalidades sobre la idealización que existe sobre el proceso de creación de literatura de ficción. Le aclaré que las considero generalidades ya que, cuando decidí ponerme a fabular, ni me acerqué a un curso CEC para “Escribir a distancia con cercanía”, ni me alejé de ningún método que desconozco.
Tal y como le les aseguré a mis atentas contertulias: “Escribir ficción es en mí algo parecido a un acto de posesión múltiple: desaparezco, cada uno de mis personajes ocupa el lugar frente al folio en blanco. Es al corregir mis fabulaciones que aparece mi personaje literario del escritor Nino Ortea”. Tanto Frambuesa como Brisa me miraron expectantes, esperando que continuara mi reflexión. Pero cambié de perspectiva. Mi certeza de que cada lector es un «reescritor» de la historia que disfruta, pasó a ocupar el resto de la tarde hasta que nos pusimos a hablar de temas menos recreativos.
Imagen: "she-wore-a-raspberry-beret" por -elizabeth-szekely

Ahora, en plena sobremesa de domingo, sigo pensando en nuestra conversación de ayer. Mientras me pregunto si Brisa me leerá con otro sentir ahora que me ha visto y oído a mi persona, que no es tan moldeable como mi personaje literario. También me pregunto si, dentro de un rato, Frambuesa curvará sus labios de fresa para preguntarme si debe atreverse a besar a un poseso –lleva toda la mañana bromeando por «guasap» con el adjetivo–-.

Obviamente, amable leyente, cuando mi personalidad literaria fabula, toma retazos de lo que he vivido. Pero no hay en mí una necesidad de recrear el pasado o de refugiarme en sus evocaciones. Ese pasado, esos recuerdos, son meros recursos que pongo a disposición de mis personajes. En el caso del reciente melodrama minino, poco de su contenido tiene que ver con lo vivido por Nino: no tengo gata, nunca me han disparado, no soy amante remunerado ni renombrado… y “mon ville de l'amour” no es París, sino Gijón.
Eso sí, ayer ella lucía una boina color frambuesa. Y, cuando me besa, sabe cómo dar un beso.
I think I love her.


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