Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

domingo, 24 de enero de 2010

El fuego y la palabra



-->
El viernes 22 de enero –además de otros miles de personas– murió la actriz Jean Simmons.
Descansen todos en paz. 



Cada vez tengo más claro que nada es para siempre; y que por mucho que un beso te pueda hacer sentir invulnerable, no te convierte en inmortal. Incluso los dioses se acaban muriendo. Para matarlos no tenemos que escalar a ningún olimpo, donde desatar un ragnarok.
Encuentro fácil acabar con un dios. Basta con no creer en él.
En lo que siempre me revelo fallido es en recolocar, desde mi devocionario a mi bestiario, a aquellas que yo mismo endioso.


En ese sentimiento, como en otras cosas, me reconforta no sentirme solo.
Ayer mismo –cuando la noche calzaba finos tacones de aguja– me trasmitieron la decepción por que prefiriera odisear en pos de un sueño, a viajar en la realidad.
 Pero es que en el intento de llegar a conocerme, aprendo de lo que vivo, no de lo que los demás me previenen. Y me estimula mas la ilusión que la prevención. Aún así, gracias. Habría sido un placer compartir ese viaje.


También aprendo de la mayéutica que ofrece el Arte, principalmente del Cine.
Son muchas las veces en las que –al no recordar habitualmente lo que sueño– me ensueño con las películas que veo. Y siento como vivido lo que cuentan.


Me encantan las películas de amor. Sobre todo las  que nos hablan de esa pasión que hace que el corazón y el cerebro hablen idiomas diferentes.
Me atrapan esas historias en las que las tripas se me alteran, y las lágrimas se me escapan, al ver cómo otros son capaces de lo más sublime o de lo más indigno para aliviar esa quemadura que no se calma.


Mientras escribo esto, me vuelve al recuerdo la mirada de mi madre al ver mis lágrimas tras el resultado del duelo entre el vizconde de Valmont y Raphael Danceny. Pese a que ya había visto la película Amistades peligrosas (Stephen Frears) en el cine Robledo, esa escena volvía a emocionarme. Y aún me turba por lo irredento del sacrificio.


Otto Preminger es un creador que intermitentemente me obsesiona.
Sus historias se entremezclan con mis memorias, hasta llevarme a dudar de la autencidad de lo vivido. Al igual que Dana Andrews en Laura, también vi aparecer ente mí, mojada por la lluvia, a una mujer que me obsesionaba sin haberla conocido. Ella se llama Marta. Es rubia y a su lado descubrí el discreto encanto de la burguesía.

-->Ocurrió en otros tiempos, pero –al igual que ocurre con las mujeres de los cuadros–, los sentimientos cobran vida en el momento menos esperado

Otto Preminger no dejaba que la realidad maculara sus películas. En el filme Cara de ángel (1952), Preminger no estaba contento con el resultado de una escena en la que Robert Mitchun abofeteaba a Jean Simmons. Hizo repetir la escena hasta llevar a Simmons a llorar de dolor. Entonces ordenó cortar. La toma era perfecta.

Jean Simmons solloza en más momentos de la película, atrapada por una pasión enfermiza y criminal hacia alguien que no pertenece a su mundo. Simmons interpreta a una burguesa obsesionada con un proletario. Quizás mi mujer en la lluvia pasaba ahora a ser una hija de Electra, y yo había trasmutado de policía desencantado  a conductor atrapado en una relación destructiva de la que no quiere salir.
Aunque en teoría prefiero las ligazones en blanco y negro, me acabo desviviendo por ese gris que tan bien retrata Preminger.
Mi condición fetichista se manifiesta en mi pasión por el coleccionismo de carteles de cine.


En una entrevista que me realizó el diario La voz de Asturias el 22 de noviembre de 1992, hablo en un momento dado de los que son mis carteles favoritos, y destaco la ilusión que me haría conseguir un programa original de la película Cara de ángel. Con el paso del tiempo, lo tuve frente a mí en una plaza porticada de Bilbao donde los domingos se mercadea con quimeras.
No compré el cartel.
Creo que es bueno tener siempre un sueño que me haga seguir buscando. Pues al buscar, aprendo.



Ha muerto Jean Simmons. Su sueño de inmortalidad seguirá vivo mientras hablemos de ella.

Cuidaros en este domingo de color tan especial.

© Nino Ortea. Gijón. 24/I/2010
  


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hola, gracias por tu tiempo de lectura.