El que sigue es
un sucedido del que, por los pelos, este calvo ha salido:
Ayer mi enamorada
afirmó que le llamaba la atención lo bien documentadas que estaban películas
como «Gladiator». Mi respuesta, socarrona, fue decirle que sabía que no era una
niñita, pero no pensaba que hubiera vivido en los tiempos de Calígula.
Sabido es que la
ironía no funciona cuando ellas tienen la sartén por el mango, y amenazan con
apretarlo. Así que, antes de que me mandara a dormir a la caseta del perro, le
conté la siguiente anécdota, tristemente verídica.
Hace muchos años,
en una academia cercana, estaba explicando a los alumnos de Graduado Escolar
las teorías ‘heliocéntrica’ y ‘geocéntrica’.
En un momento
dado, les comenté a los chavales la importancia de la Astronomía en culturas
como la egipcia o la romana.
Para mi sorpresa,
una chica de más de 18 años resolvió que no eran teorías tan antiguas. En ese
momento —con «Parque Jurásico II» arrasando en taquillas— me imaginé que me
saldría con alguna milonga sobre los dinosaurios y la prehistoria de nuestro
planeta.
Pues no, la pobre
dijo que no eran tan viejas pues ¡ya había películas hechas por los latinos! La
inocente pensaba que las pelis de romanos las protagonizaban romanos.
Su comentario
provocó risas entre sus compañeros, pero no muchas. Recuerdo que entre sus
adjuntos figuraba un chaval —violado por su padre— que se creía un vampiro, y
al que dejábamos que siguiera la clase desde un anexo en penumbra; un par de
pastilleros con el cerebro borrado por los tripis; y una anulada que ante
cualquier muestra de aprecio, te correspondía ofreciéndote sexo como
compensación por el exfuerzo docente.
No podía evitar
comentaros este sucedido tan desunido. Por alguna razón, el estreno de la
película «Camino», me ha llevado a preguntarme por el paradero de esta alumna
de salud quebradiza, cuyos padres militaban en una secta religiosa y no
tardaron en sacarla del centro.
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