Ven y enloquece

Ven y enloquece
Por favor: no compréis aún ejemplares en Amazon de «Nada ha sido probado», esperad hasta que anuncie su publicación definitiva. Gracias por vuestro interés.

jueves, 11 de diciembre de 2008

TdAp: Movieland 04


Jerome Charyn // Movieland, chapter 10.
Two-Headed Man.

El hombre de dos cabezas.
10.4
Raymond Chandler era otro hombre del oeste.
Su detective de ficción, Philip Marlowe, tenía su oficina en la misma tierra de las películas, cerca de la esquina de Hollywood Boulevard con Ivar Avenue. Y como gran parte de la gente que lo rodeaba, Marlowe está solo y desarraigado. Continúa embrujándonos y molestando nuestro sueño, porque a pesar de su bravura, y su profunda desconfianza en las mujeres —lo cual definiría al noventa por ciento de los héroes del cine—, él tiene la cualidad de poseer una amnesia en desarrollo, que describe el montaje y desmoronamiento de nuestras vidas en un siglo de sonámbulos y psicópatas.
Marlowe, de acuerdo con Raymond Chandler, es “un hombre solitario, un pobre hombre, un hombre peligroso... creo que siempre tendrá una mugrienta oficina, un casa solitaria, una serie de relaciones, pero ningún vínculo permanente. Creo que siempre será despertado a una hora inconveniente, por una persona inconveniente, para hacer algún trabajo inconveniente... siempre lo veo en una calle solitaria, en habitaciones solitarias, desconcertado pero nunca vencido.”
Él es la criatura en la que muchos de nosotros tememos convertirnos; una parte de la sociedad, aunque alejado de ella, sin familia o auténticos amigos, un espíritu que nos podemos encontrar representado en la pantalla de un cine: el superviviente mostrado como animal urbano.
Tal vez ésta sea la razón por la que tenemos tantas encarnaciones de Marlowe en la pantalla, tantas caras para un único detective, como si un único actor no pudiera abarcarlo, ni capturar lo que es. Dick Powell, Humphrey Bogart, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliott Gould, Robert Mitchum... Marlowe no tiene un rostro definitivo. Existe en el límite de nuestros sueños.
Chandler pensaba que Cary Grant encarnaría perfectamente a Marlowe; pero, ¿qué sabe un escritor?. Grant habría sido una cara más en la pantalla. Edward Thorpe, un seguidor de Chandler, se imagina a Marlowe como un arquetipo norteamericano. “Hollywood recogió y novelizó, deformó y desarrolló cada aspecto de la historia norteamericana – y mundial -, con todo, ningún héroe popular norteamericano, ni tan siquiera el vaquero, le debe su existencia a un único hombre, como se la debe el detective privado a Chandler...
El fantasma de John Wayne podría discutirle a Edward Thorpe, pero no importa. Marlowe está en nuestras entrañas, bien sea con el aspecto de Elliott Gould o el de Dick Powell. Y en la novela hollywoodiense de Chandler, La hermana pequeña, Marlowe tiene mucho que decir sobre la tierra de las películas, California y la ciudad de Los Angeles.
Llama a California “el estado gran almacén. Mucho de todo, nada de lo mejor”. Y nos dice que Los Angeles, “no tiene más personalidad que un vaso de papel.” Opina que las ciudades reales tienen “una estructura básica individualizada bajo la suciedad. Los Angeles tiene a Hollywood – y lo odia. Debería considerarse tremendamente afortunada. Sin Hollywood sería una ciudad de perdidos por catálogo. Y todo lo que aparece en su catálogo, podrías obtenerlo mejor en otro lugar”.
Marlowe es un hombre dual. Ama todo lo que odia. En El largo adiós, mira “el resplandor de la gran ciudad enfadada” con su “noche de mil crímenes”. Pero es su ciudad, “no peor que las otras, una ciudad rica y vigorosa, repleta de orgullo, una ciudad perdida, derrotada y llena de vacíos”.
Para Philip Marlowe Los Angeles es una parte más del sueño americano. “Somos un pueblo grande, rudo, rico y salvaje; el crimen es el precio que pagamos por ello, el crimen organizado es el precio que pagamos por nuestra organización”.
El cine negro, descubierto y catalogado por los franceses, sólo podía proceder de esta gente salvaje, de la dorada California. Los Angeles había sido un pequeño pueblo perdido durante los tiempos coloniales españoles, fundado en 1781, y puesto su nombre en honor a Nuestra Señora la Reina de Los Ángeles. Su primer edificio fue una cárcel. Incluso después de que los norteamericanos se apoderaran de California, Los Angeles era “el peor puesto fronterizo del oeste”. Su población ascendía a 11.000 personas en 1880. Al igual que Hollywood, Los Angeles se inventó a sí misma. Contó con la primera cámara de comercio de los Estados Unidos. Creó su propio mito, “convirtiendo el hinchado de ciudades en una forma artística.” Así que incluso antes de que Hollywood existiera, su concepto había cobrado vida en California. Y L.A., se abrió paso en Norteamérica, “deslumbrante como un plató desmesurado”.

Y a ese escenario se dirigió Raymond Chandler, nacido en Chicago, “un muchacho cuyo padre se había perdido por el mal camino”. Chandler fue criado por su madre, Florence Thorton, y una serie de tíos y tías. Florence abandonó Norteamérica cuando el niño tenía siete años, cruzando el Atlántico para vivir en el sur de Londres. Allí asistió a la escuela Dulwich College, donde uno de sus compañeros de clase fue Boris Karloff (¡Frankenstein se encuentra con Philip Marlowe!). Chandler había decidido convertirse en poeta. Esbozó una serie de fúnebres poemas sobre damas que anhelaban morir... y sus amantes perdidos en algún jardín de los muertos. Pero no pudo ganarse la vida y en 1912 regresó a Norteamérica, un poeta derrotado a la edad de veintitrés. Se estableció en el sur de California en búsqueda de fortuna. Encordó raquetas de tenis durante una época. Se convirtió en tenedor de libros en una heladería, se mudó de cualquier casa de huéspedes en la que estuviese alojado, alquiló un sitio en Loma Drive, en uno de los sectores “antiguos” de Los Angeles, y pronto llegó Florence para vivir con su hijo soltero.
La entrada de Norteamérica en la Primera Guerra Mundial, interrumpió la vida idílica de Chandler. Se alistó en el ejercito canadiense. Vistió las faldas de su regimiento, el Gordon Highlanders, y prestó servicio en Francia como comandante de pelotón. Toda su tropa fue aniquilada durante una cortina de fuego artillero. Chandler fue el único que sobrevivió. Lo enviaron a Inglaterra, se convirtió en cadete de la Royal Air Force, pero el armisticio acabó con su carrera en la R.A.F. Se licenció, subió al Pacific Northwest, y regresó junto a su madre en L.A.
Se enamoró de Cissy Pascal, mujer diecisiete años mayor que “Ray”, pero no se atrevió a casarse con ella hasta que su madre murió. La señorita Pascal era una belleza frescachona de pelo rubio afresado. Dos veces divorciada, había sido modelo para un pintor antes de casarse. Era una mujer apasionada, devota de Ray, el cual trabajaba ahora en el negocio del petróleo y había abandonado todo intento de escribir. Pero él era tan indómito como Philip Marlowe. “Había vivido mi vida al límite de la nada”, le dijo a su abogado londinense después de que Cissy muriera.
Era un hombre de vestimenta formal. Chandler, atado a los estrictos códigos de Dulwich College, nunca saldría a la calle sin americana y corbata; pero también tenía comportamientos de beduino, a menudo se mudaba de domicilio más de dos veces al año. Tuvo aproximadamente setenta direcciones diferentes en California del Sur. Era un alcohólico. Perdió su trabajo, a mitad de la Gran Depresión, a causa de su afición a la bebida. Y el poeta fracasado comenzó a escribir para las revistas pulp. “Tuve que aprender norteamericano como si fuera un idioma extranjero”.
Se veía como “un hombre sin patria” ni norteamericano ni inglés, más bien una especie de mestizo cultural atrapado en el alocado tejido de California del Sur, donde los hombres y mujeres tenían que reinventar sus vidas. Y Chandler, un buen muchacho de Dulwich que se desvivía por la tradición, había llegado a un lugar sin pasado, donde pueblos enteros tenían que definirse enfrentándose a desiertos, montañas, valles, mares y arboledas de cítricos. Chandler era un alma anónima más que se había convertido en “un escritor de misterio con un toque mágico y una sensación incómoda en las tramas”.
Su aprendizaje no fue sencillo. No publicó su primera novela hasta tener 51 años. Incluso después de que Philip Marlowe fuera mundialmente famoso, Chandler se quejaba de su situación en los Estados Unidos. Los intelectuales ingleses le idolatraban, adoraban su trabajo, y Chandlerintentaba explicarles que yo era un vapuleado escritor de novela barata, y que en USA me encontraba a un nivel ligeramente superior al de un mulato”.
Cuando Cissy murió, Chandler se desmoronó. Se convirtió más y más en un nómada. “Ella fue el latido de mi corazón durante treinta años. Era la música que yo oía suavemente al final de cada sonido”.
Le había sido infiel, por supuesto, cuando trabajaba de guionista en la Paramount, desapareció durante varios fines de semana con alguna joven secretaria. Pero era Cissy la que le mantenía en pie, quien le proporcionaba el único cobijo que tenía, salvo el de Philip Marlowe. Cuando cerró la casa que había compartido con Cissy en La Jolla, él “se sintió, de alguna manera, como el último hombre de un mundo muerto.”
Intentó suicidarse pero no lo logró. Navegó hasta Inglaterra, se detuvo en el hotel Connaught en Carlos Place, y fue recibido como una celebridad. Vestía guantes blancos dondequiera que fuera, a causa de una alergia en la piel “que destrozaba sus dedos”. Había perdido un poco el juicio. Les proponía matrimonio a las jovencitas nada más verlas. De repente tenía nuevos planes para Philip Marlowe. Quería casarlo, como si el “matrimonio” de Marlowe pudiera acallar su marga soledad.
El alcoholismo empeoró. Se olvidaba de aparecer en cenas en su honor. “Chandler, la celebridad, dejó de ser una persona a celebrar”. Hubo otros intentos de suicidio. Perdió ese gusto por lo mágico que consideraba necesario en un escritor, “los brillos distantes de las alas de insecto” que sólo podían ocurrir en una página.
Murió, el 26 de marzo de 1959, de neumonía bronquial, después de haber bebido de forma abusiva durante varios días. Tenía setenta años.

©Nino Ortea Gijón

1 comentario:

  1. muy bueno este blog, excelente
    te dejo otra demencia, el laboratorio:
    http://084matoj.blogspot.com/
    saludos!

    ResponderEliminar

Hola, gracias por tu tiempo de lectura.