Mostrando entradas con la etiqueta II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta II. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de abril de 2012

Al pan, peich; y al vino, ¡handerr!

Lo reconozco: soy un cobarde. Quizá también sea un gallina; lo que tengo claro es que –yo que soñaba con ser El Capitán Trueno– me he convertido en un capitán de la sardina. Eso sí, de la enlatada; que, tal y como está la situación, uno prefiere conservar a arriesgar.

Lo de mi cobardía viene de lejos. Aunque intento acercarme a ella, para domarla con pequeños gestos que vendo como grandes gestas. Para vencer el miedo a la pérdida, me hago trampas al solitario. Para dominar mi aprensión al fracaso, relleno crucigramas tras leer las soluciones. Para llenar mi temor al estómago vacío, como yogures caducados. Pero mi miedo a la página en blanco sigue ahí. Haciéndome embutir la papelera con quieroynopuedos creativos.
Lo de las Pussy Riot ha llevado que me vuelva a asustar hasta de mi sombra. Y más al temer que la consecuencia de mis temeridades puede llevarme a pasar eternidades a la sombra.
Yo lo que quería ser tan valiente como El Capitán Trueno; y escribir una reflexión sobre “el demonio de las armas”. Recalcar sus efectos letales; y más cuando la mano que las carga no es la del Diablo, sino la del Regente. Pero, por eso de la intocabilidad de la coronidad, mejor memeto con Rajoy. Pues incluso su votante lo trata de tunante. Y de la sardina al atún, la diferencia sólo es el tamaño. Así que, ¡allá voy, Rajoy!

Pero no. No me parece prudente meterme con el Presidente. A las Pussy Riot las van a enlatar en la cárcel por cantarle en cirílico a un político ruso. Resulta que, a las muy punkis, no se les ocurrió otra cosa que montarle un cirio a Putin en un templo ortodoxo. Y el muy rencoroso del presidente ruso amenaza con tenerlas en presidio hasta que Manolo Escobar encuentre su carro.
Así que mejor me olvido del Señor Rajoy y de la familia de los Borbones y me dedico a comer bombones. Quizá así logre tener una dicción parecida a la del bien parecido héroe de acción africana, gran simulador cameral y mejor orador en los pasillos. Aunque,al compararme con él renacen mis miedos. Y al oírlo, que no escucharlo, mis inseguridades se hacen verdades:no hablo el mismo idioma que el monarca. ¡No soy español! ¡Soy chiquitistaní!
Ese señor, con traje y muletas, habla de manera diferente. Mi problema es que, en mi pretenciosidad, me suena a leísta, casi vulgar en su uso de los participios. Y no puede ser. Es imposible. Pues esa persona corona la máxima representación del idioma de Cervantes; así que vuelvo a lo de antes: mi miedo a que no me entiendan, hace que yo desatienda a lo que dicen los demás. 
Un jefe del estado no puede hablar con descuido el idioma que cuida y da esplendor; ya que eso sería una manifestación de lo poco que le importan sus representados. Así que el Patrón de las Reales Acedemías, no puede andarse con anemias linguísticas. 
 Soy yo el equivocado,el desentonado y el mal pensado.


Así que, antes de que esto del español se me quede grande, mejor me quedo con Chiquito en yutiuf y aprendo sin doma mi idioma.
¡Hasta luego, Lucas!

domingo, 15 de abril de 2012

Mi corazón seguirá latiendo

El pasado domingo, 8 de abril, el crucero M.S. Balmoral partió del puerto de Southampton.
En estos tiempos difíciles para el entusiasmo, en los que el despegue de naves espaciales es recibido con especial desapego, sorprende la repercusión mediática que está teniendo la singladura del citado buque; cuya llegada el puerto de Nueva York es esperada con una expectación comparable a aquella con la que Penélope oteaba el horizonte a la espera del odiséico Ulises, o con el desvivir con el que los telespañolitos seguimos la travesía del travieso Marco en busca de su mamá.

Confiar en que la partida de un barco cree expectación, en una época en que el verbo “navegar” se asocia al Ciberespacio y no a los Océanos, parece algo tan fatuo como confiar en que la exhibición de un aifón atraiga la atención de los cercanos. Sin embargo, ambas confianzas funcionan en este mundo de desconfiados.
Con lo que cuesta un aifón, no te queda otra opción que hacer proclamación de tu acertada elección delante de aquellos de entre tus conocidos, para los que comprarse tal cachivache es algo tan inalcanzable como comprar filetes de ternera o beber buen vino. Para ellos, lo inteligente no es un teléfono, sino llegar a fin de mes, por lo que cuestionan tanto la valía de tu capricho como la lozanía de una mamachicho. ¿Para qué interesarse por lo que no queremos tener?
Lo mismo ocurre con el citado crucero, de 12 días de duración, cuyos pasajes llegaron a costar 7.200 euros. Con la de quilos de bogavante que uno se compraría con ese dinero, cómo para plantearse el espíritu navegante. Y más teniendo en cuenta que el objetivo del viaje es rememorar la singular singladura del Titanic. Ese barco célebre por su fracaso a la hora de llegar a puerto.
Aunque, viviendo en un país donde un torero se ha hecho famoso por quedarse tuerto, no debemos entonar el “¡Están locos esos ingleses!”; pues también lo de los españoles tiene bemoles. Además, entre los pasajeros hay nacionales de 28 países, algunos de ellos familiares de los viajeros en el crucero hundido, lo que demuestra que para ser memo no hace falta ser paisano del Capitán Nemo.

El éxito de este rememorar un pasado fallido, me hace confiar en que mi futuro mejore. Pues, por tener, acumulo cosas tan deslucidas como un video beta, un tamagochi y la Constitución Europea. Y, puestos a rentabilizar grandes fracasos, tengo colosales esperanzas tanto en mi trayectoria educativa como en mi vida laboral; por ser ambas un vivo reflejo de un viaje que, partiendo de la nada, ha conseguido llegar al mayor de los fracasos.
Una vez más, la culpa de tanta desmesura se encuentra en la Cultura y en su tendencia “retro”. Que si recuperar la música de los años 80, que si adoptar el luc pin-ap y al final no es que Darth Vader nos diga que es nuestro padre, sino que el imperio contraataca con más amenazas fantasma y recortes clónicos.

Confío en que tras esta fiebre por recuperar el pasado, la que se recobre sea España; y que nuestra singladura final se asemeje a la del camarote de los Hermanos Marx y no a la del Titanic.

domingo, 25 de marzo de 2012

Ils sont fous ces asturians!

Mal pintan las cosas. Y no me refiero a esos pintores que venden como “abstracto” un arte que es nefasto. Me refiero al futuro los asturianos.
En Asturias, 100.000 personas engrosamos las listas del desempleo y 198.993 estamos al borde del riesgo de pobreza y exclusión social (según datos de la EAPN). En mitad de este ocaso social, al actual partido en el gobierno no se le ocurrió otra forma de deshacer el nudo gordiano que estrangula a nuestra economía que mediante un tajazo electoral. Así que, hoy nos toca vestirnos de domingo para ir a votar en las urnas a unos políticos que más bien merecen que los botemos de nuestras vidas.

El gobierno regional alegó como razón para la disolución del parlamento la imposibilidad de desplegar su programa, pues su realidad minoritaria le impedía aprobar un nuevo presupuesto y la prórroga presupuestaria no le parecía una medida viable, ya que los balances de la administración saliente parecían elaborados por Pinocho. Los partidos en la oposición acusaron al gobierno de que el desaforo con el que se comportaba impedía todo tipo de acuerdo, al actuar con mayor presunción que las hermanastras de Cenicienta.
El caso es que entre la inacción y la inoperancia, nuestra clase política parlamentaria ha vuelto a demostrar su condición roñosa de miras. El corazón de Asturias se está quedando en los huesos, ante la indiferencia de unos representantes públicos que están enfrascados en una discusión torticera sobre el sexo de los ángeles de las mayorías, mientras el enemigo del desempleo acampa a las puertas de las casas de sus administrados.
La “cruenta” campaña política ha sido lo más parecido a una campaña militar con fuego de artificio. Las mismas estrategias han sido adoptadas por las principales fuerzas contendientes, cuyas andanadas fueron ovacionadas por sus fieles y abucheadas por sus adversarios. No hay nada nuevo bajo el sol que hoy brilla en Asturias; ni nada novedoso en el cerebro de unos candidatos de fingida candidez ante unos problemas que ignoran pasado el período de la colecta de votos. 

Los asturianos padecemos una amnesia perenne hacia la inoperancia de unos servidores públicos que han demostrado ser inservibles. Por eso, me temo, que el resultado electoral dejará una distribución parlamentaria similar a la anterior; lo que amenaza con convertir en endémica la actual inestabilidad gubernamental. Amenaza que recuerda a la “electoralitis crónica” que padece la sociedad italiana, donde han tenido más gobiernos que amantes el señor Berlusconi.

Los asturianos nos prestamos a estas levas electorales, con el mismo ánimo con el que antes nos prestábamos a las levas militares: nos quejamos, pero dejamos que unos impresentables desmonten nuestro futuro. En mis tiempos, la mili –a la que objeté de conciencia– duraba un año. En estos tiempos, los gobiernos –a los que objeto con conciencia– no duran ni doce meses. Uno había oído hablar de la picazón de los siete años que afecta a las relaciones, pero no sabía del resquemor de los seis meses que infecta a las instituciones. Habrá que vacunarse. Frente al desamor, no concibo mejor prevención que la complicidad. Y contra la holganza de los políticos, ésta es mi opción y ha sido mi voto.
Es curioso el que una región que siempre ha hecho gala de sus orígenes celtas frente a la romanización hispánica, esté logrando que el resto de autonomías del estado se pregunte si están locos estos asturianos.

lunes, 12 de marzo de 2012

Los valientes visten de azul

Tiempos difíciles son éstos que vivimos, en los que la figura del “héroe” aparece denostada a favor de la del antihéroe. Nuestros hijos ya no quieren ser astronautas y surcar el espacio hasta El Infinito y más allá; prefieren ser antisistemas y oKupar su espacio más acá. Puede que su antimoditis esté inspirada por el (mal) ejemplo que les damos sus mayores. Ya que nuestros cuerpos antiestéticos subsisten a base de un coctel de medicamentos antigripales y menús anticrisis; y en nuestras mentes sólo es real aquello que nos lo parece tras la ingesta de antidepresivos.
Eso de ser “un héroe” está tan en desuso como ser “un célibe”, en una sociedad donde lo canalla y lo desagradable se impone. Quizá todo se deba a una simple malinterpretación léxica, por eso de que una de las acepciones de “desagradable” es “irresistible” y ¿a quién no le gusta que lo encuentren irresistible?, pues, venga: ¡a ser desagradables! Pero me temo que nuestro hipérbaton social no se arregla con un buen análisis morfológico y sintáctico. Pues esto de escribir al dictado de voces que nos hablan en alemán o francés, nos ha llevado a la diglosia, a la apatía y a la Anarquía.

Por fortuna; al igual que nuestra generación fue salvada por Mazinger-Z y la siguiente vivió sus sueños de campeón gracias a Oliver y Benji, todo indica que un nuevo héroe nos guiará en estos tiempos de oscuridad. Un figura que –al igual que el junglero John McClane– vuelve al lugar equivocado en el momento apropiado. Él –que ya ha sido concejal, ministro y

vicepresidente– regresa ahora encarnando a un nuevo galán: El Presidente.
Más rápido que una bala, se ha dispuesto a desfacer todos los entuertos que la maldición de un zapatero tuerto ha echado sobre nuestro país. La solución es muy sencilla:
Si Mega González impulsó a los españoles con el eslogan ministerial "España es el país donde es más fácil enriquecerse en menor tiempo"; y Súper Aznar nos jaleó con su “¡España va bien!", ahora va y viene Ultra Mariano con su “La culpa es tuya” que le suelta como pulla a todo opositor que se le enfrenta.
Siguiendo su modelo, nuestros hijos ya tienen respuesta a toda adversidad que afronten en la vida. Si un profesor lo suspende, un chaval dirá que la culpa es del que se sentó antes en el pupitre, pues no entendió su letra en las chuletas. Cuando su novia lo deje, sabrá que la culpa no es suya, sino de su pareja anterior que la dejó tan insatisfecha que ella ya no aprecia una faena bien hecha. Y así, armados con este culpar de ser el Inferno a los demás, nuestros jóvenes llegarán hasta El Infinito y más allá.
A falta de un plan de dominación mundial, Ultra Mariano tiene una reforma laboral, tan sorprendente como sorpresIVA al 18%: para acabar con el desempleo, legisla facilitar el despido. Algo así como si para eliminar el hambre, nos comiéramos a los hambrientos. Imagino que nuestro líder tiene un plan, confío en que éste no sea el de dejar planchadas nuestras conquistas sociales.
Viéndolo con su barba poblada y escuchando sus arengas patrióticas contra el enemigo interior –formado por sindicalistas, izquierdosos y demás malos malosos– cada vez tengo más claro que la inspiración de Ultra Mariano no es el neoliberalismo de Keyles o el pragmatismo de Peirce; sino el patriotismo de Norris (Chuck).
Al igual que el gran karateka y pésimo actor, el adalid Rajoy combate a todo el que le discrepa. Si el americano lo hacía a tortazos, el hispano lo hace a decretazos. Ni ante presiones externas ni ante huelgas extremas, Ultra Mariano no cede ante otra fuerza que la de su razón "hago lo que me parece lógico y razonable". Tal y como hacía Chuck, a quien le parecía lógico irse a Vietnam a buscar a desaparecidos en combate; y le resultaba de lo más razonable el combatir la invasión a los USA de todo aquél que criticara al tío San
Eso sí, como todo alumno acaba corrigiendo a su maestro, Rajoy desdice a Norris: con él, los héroes no visten de negro, lo hacen de azul.
Nino Ortea.

lunes, 5 de marzo de 2012

Sigo aprendiendo y disfrutando

Con suerte, algún día en cualquier esquina, te cruzas con alguien con quien acomodas el ritmo vital.
Alguien junto a quien estos tiempos difíciles que vivimos se transforman en memorables, al compartir experiencias de azúcar o de sal. 
Junto a ella procuras compartir la magia de lo cotidiano, buscas tu reflejo en su sonrisa, te empapas de su perfume en cada amanecer compartido, le levantas la falda si se deja…
Y, ante todo, sigues aprendiendo y disfrutando.

Escena del episodio 107 de la serie "Don Gato".


Nino

domingo, 26 de febrero de 2012

Atrapado en el tiempo


No todos podemos hacer como el escritor Marcel Proust.
Insatisfecho con las circunstancias que lo rodeaban Proust decidió remodelarlas. Para ello no necesitó estremecer a sangre y fuego las calles. Para revolucionar el Mundo, le bastó con encerrarse en una sala acolchada y escribir la heptología À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido), obra en la que remodela la realidad con el cincel de los recuerdos. Está claro que pocos tienen el talento de Marcel Proust y contados son los que pueden permitirse eso de aislarse de manera acolchada del mundanal ruido, con lo que su medida nos resulta desmedida o inalcanzable.


Bien como escritores o como lectores, todos personalizamos nuestras vivencias; o dejamos que nos las particularicen. Y la mayoría participamos del anhelo de recuperar el tiempo perdido. Pero de ahí a la obsesión con retroceder en el calendario que les ha entrado a los mandamases de este país, queda una demasía. “Tempus fugit”, dice el aforismo latino, latinizado por los ladinos de los aforados y los forrados patrios en “Tempus lucrandi est”.

Llama la atención la desmemoria y desvergüenza con la que algunos políticos, recién llegados a la oposición, encabezan protestas sociales ocasionadas por sus políticas trileras. Aunque ellos se empeñan en endosárselas a quienes los han sucedido, hace apenas dos meses, en sus cargos y poltronas gubernamentales, a ellos se debe –por acccción u omisión– esta fractura social.

No dos meses, sino a casi 16 años atrás es donde nos retrotrae el actual Gobierno. Empeñado como está en presentar como garantías de sus logros futuros, sus “teóricos” éxitos del pasado.
Nuestros gestores son conscientes de que, tras la implantación de sus medidas econocicas y laborales, serán más partido y menos populares; de ahí su revivir un tiempo refugiado en los calendarios. Nuestros gestores son inconscientes de que, al recordarlo, todos tenemos un pasado glorioso; al igual que, al añorarlo, todos los calvos describimos un cabello sedoso.

Por el cabello quiere arrastrarnos la Patronal a caballo pasado. Al herrado hace apenas un siglo, cuando el “paternalismo burgués” permitía a los empresarios descuidar, como hijos (abandonados), a sus empleados; en una estructura de prebendas y abusos similar a la que aún rige organizaciones tan rentables como “La Mafia”. Es preocupante el que estos prebostes acusen a los desempleados de aspirar a vivir de subsidios. Cree el “urdangarín” que todos calzan su calcetín, pues estos apandadores laborales deben sus beneficios a subvenciones, desgravaciones y aportaciones de dinero público a sus empresas privadas.

Dicen que el Arte es reflejo de la Vida. Quizá por eso las dos películas con más nominaciones a los Premios Oscar son una producciones que evocan tiempos cinematográficos pasados. Esta noche, Hollywood despejará las incógnitas. En España tardaremos un poco, un poquito más, en poner el reloj en hora.
Nino Ortea.

martes, 7 de febrero de 2012

Millonario en ilusiones 1/2

Quizá la conclusión más evidente de toda esta crisis social que nos asola, es la desolación de comprender que no importa la Ideología sino la Economía. Por eso, en España no importa si nos declaramos republicanos o monárquicos. Lo que cuenta es que somos pobres.

Abandonada toda esperanza de triunfar en €urovisión y con serias dudas de reeditar el triunfo en la €urocopa, todas nuestras perspectivas uropeizantes parecen reducidas a que no nos expulsen del grupo del uro.
Sin pretender ir de marxista, quizá ha llegado el momento de darnos de baja de este club que nos ha aceptado como miembros. Puede que se deba a mi condición de marinero varado en las tierras gijonesas; pero no le veo ninguna ventaja a la permanencia a este distinguido club. Y ya van diez años desde que nos han estampado el carnet de permanencia.

No suelo llegar más lejos de donde me lleva el caballo de cartón de mi ilusión, así que hace más de diez años que no corono Los Pirineos. Con lo que me cuesta llegar a fin de mes, como para plantearme cruzar a Hendaya. Honda ya es la brecha que aquí me separa de lo que hay más allá de los escaparates locales, como para dejarme llevar por la tentación de disfrutar del placer de la compra en mercados internacionales.
Soy una de esas personas a las que el redondeo del uro las ha dejado aplanadas. Quizá sea un pesetero, pero se me hizo muy duro el paso de pagar cien céntimos por lo que antes costaba veinte duros. Acaso el que lo primero que pagué en uros fuera una caña, resultó una alegoría de lo que me iba a dar esta moneda.

Ahora resulta que quienes defienden nuestra permanencia en la moneda uropeizante, por eso de la reacción de los mercados, son también los que mercadean con nuestras ilusiones. No sólo nos definen como pobres en lo económico, también nos condenan a ser exiguos en esperanzas.

Millonario en ilusiones 2/2

A quienes inspirándonos en la Europa que ellos reducen a €urozona, defendemos que nos dejen elegir entre Monarquía o República como forma de gobierno, se nos denosta por manirrotos. Pues eso de vivir en una república es algo muy caro, dado que los gastos que conllevaría la organización de elecciones presidenciales nos dejarían sin reales para mantener a tanto vivales que vive del cuento. 

Poca importa que los países que nos marcan el paso lo hagan a ritmo republicano. Francia y Alemania son modelos en lo conómico pero pésimos en lo ideológico.

Estos uroexpertos afirman que la monarquía es el régimen más apropiado para mantenernos a dieta de dispendios. Y de todos los reinos destaca el coronado por Don Juan Carlos, quien tiene el presupuesto más bajo de la realeza uropea y “da de comer a 150 trabajadores cada día” (cita directa de un titular que aparece en el número 3.151 de la revista Diez Minutos)


Pero hay cosas que uno no quiere ni regaladas. ¿O acaso la vida es una sección de saldos donde estás condenado a comprar lo que te sirve y no lo que te queda bien? Puede que mantener la casa real española cueste menos de lo que supone cualquier otra monarquía o república uropea. Pero, ¿qué valida a un sistema de gobierno, el que sea barato o el que sea eficaz? Además, si la unidad de medida que utilizamos es el uro, nos quedamos cortos. Ya que si el salario medio en España es un 20% inferior a la media de la UE, es lógico que el sueldo del jefe del estado español sea más bajo que el de sus émulos continentales.

Seremos pobres en dineros pero no en ilusiones. Sin necesidad de comparaciones con nuestros convecinos, hay aspectos en los que el conformismo no es aceptable. 

¿Se imaginan que, en esta Noche de Reyes, les hubieran regalado una colonia de bazar chino en vez del perfume que habían pedido? ¿O tener que envolver sus regalos con ese celo que no pega y venden de pega en las tiendas asiáticas? ¿No sería una tortura china?


Todo indica que La República Popular de China –y no €uropa– está llamada a ser la economía reinante en los años por venir. Pero eso no implica que no nos quede otro porvenir de cargar con la china de ser súbditos de un linaje hereditario. Ya que eso de las elecciones presidenciales resulta tan caro, propongo jugarnos a los chinos quién ostenta la jefatura del estado cada año bisiesto, sin que ello conlleve privilegios para sus biznietos.


Y, respecto a los actuales regentes, siempre pueden hacer las maletas y buscarse un futuro mejor.


viernes, 20 de enero de 2012

Colorín colorado 1/2

Ahora que vivimos tiempos difíciles, fijémonos en tiempos recientes en los que hemos asistido a coronaciones de gentiles –encumbradas por el gentío–, a quienes no ha sido su sangre azul –sino la tinta rosa– la que las ha convertido en princesas de bocas de fresas.

Para otro momento dejo mi reflexión sobre esa fuerza de la naturaleza mutada en “La princesa del pueblo” merced a saber aprovechar un ratito de gloria torera. Su constante desvelar sus desvelos hacen de ella la nueva “María Magdalena” de estos entretiempos preocupantes.

Ahora, me centraré –llevado por el partidismo popular por el azul– en “La princesa del cuento”. Y lo de “cuento” no es porque viva de él, no, ella es tan trabajadora como el que más de su familia política. Viene a cuento de que así fue como definió el cineasta Woody Allen a la capital del principado que le da a ella título y boato.


Colorín colorado 2/2



Quizá a causa de la tendencia de nuestras contadas estrellas internacionales–evadidas en Andorra, Miami o Montecarlo– a vivir fuera de estos andurriales, es por lo que hemos convertido a La Familia Real en portada habitual de revistas y suplementos, cuando antes sólo aparecían en sellos, monedas y retratos oficiales. 


Hemos pasado de atesorarlos en nuestras carteras, a depositarlos en los contenedores de reciclaje. Otra explicación a esta sobreexposición de la realeza, sería que nos estamos monegasquizando. Pero no, eso es imposible, con nuestra aversión nacional a aprender idiomas extranjeros, antes juancarlistas que afrancesados. Además, nosotros no imitamos, copiamos.
 

El caso es que La Familia Real se ha convertido en presencia continuada en las revistas de sociedad. Pocos poderes han ayudado más a la perpetuación borbónica que las publicaciones de entretenimiento. Es curioso el que Don Juan Carlos se queje de que lo usen como modelo de vestuario para un malo de tebeo, pero no por su uso en las prensas del cotilleo. Y es que si tuviera que pagar por las campañas de publicidad gratuita que le orquestan, el paso de Don Felipe de príncipe a mendigo sería más acuciante que el novelado por Mark Twain.
Fuera de toda malicia, por mi parte, es llamativo el trato dado por estas revistas a Doña Letizia. La han convertido en referente de la moda, la distinción y la buena dicción. 

Cuando cuestionan algo en ella –sus modales prosaicos o su aspecto preocupante– es para acabar reforzando su figura. Fijémonos en todo el reciente ruido de titulares sobre su extrema delgadez, resuelta con un elogio a su fina estampa. Al cuestionarla, nos la presentan como mujer de su tiempo, con un pasado laboral y vital, como una más de nosotros.
Y vaya si lo es. ¡Tambien tiene cuñado! ¿Y hay algo más español que ese cuñado pesado del que no sabes cómo librarte?

Roberto Segura. Los señores de Alcorcón y el holgazán de Peón.

Colorín, colorado
lo de Urdangarín sólo ha empezado.

Pag. anterior.
Nino Ortea.

domingo, 15 de enero de 2012

Rebajas de enero.

Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida.
No hay nada peor que afrontar una crisis desmedida.


Huyendo del frío, la agencia de calificación Standard & Poor’s buscó en las rebajas de enero y halló a nueve naciones europeas que ya estaban mal. Cansada de tanto esperar el euro verdadero, le dio por bajar la nota de la deuda a largo plazo de estos países. La mayoría de los ministros de economía descalificados –incluidos el español– vivieron historias de gritos y recesos, de tila y de sal. Pero el representante francés no. El muy impertérrito aseguró que su paso de la matrícula de honor al sobresaliente era un mero reajuste y que en poco tiempo las cosas volverían a su estado habitual.

Mi eterna condición de acumulador de asignaturas pendientes, me lleva –tras oír a este economista chovinista– a esas tardes de domingo en las que encontraba, por casualidad, mis notas escolares a entregar a primera hora del lunes. El firmante de mi padre, tras respirar firmemente y mirarme con firmeza, se sentaba y abría el boletín antes de destapar su caja de los truenos.
Frente a la ira de este zeus desatado, de nada servían mis explicaciones: “La profe de lengua no sabe ni leer, fíjate que no entiende mi letra”, “al de inglés sólo le interesa hablar de francés con mis compañeras”, “la de mate no comparte mi planteamiento frente a los problemas”… Para él, mis razones eran sólo excusas. Y mi promesa de que todo mejoraría con las siguientes notas, sólo servía para pasar él a encolerizado y yo a castigado. La de episodios de Yo, Claudio; Curro Jiménez o Poldark que me perdí a causa de mi destierro al este del edén televisivo, tras ser mandado a la cama sin cenar.

Por fortuna, el paraíso de Internet me ha permitido rellenar los huecos en las series; y de atiborrar mi panza hambrienta se ocupaban los tigretones que guardaba en mi mesita, en previsión de que mi padre se pondría a rugir como un león.
Por desgracia, ciertas deficiencias siguen ahí. Ya fuera de clases y aulas, sigo entrando en bares. Ayer, tras saborear un plato del día, le pedí la nota a la camarera. Se acercó y me dijo en voz alta: “Necesitas mejorar”. ¡Luego se quejará de que no le dejé propina!

Al igual que yo, España mantiene sus deficiencias. Nos organizamos según un sistema que ha dejado de funcionar. Una pretendida democracia participativa que debería establecer nuestras pautas económicas, sociales y de organización territorial. Pero en realidad nos dirigen unos poderes económicos empeñados en que todo siga como estaba, pues los políticos se muestran impotentes o indolentes frente a especuladores fantasmales.
¿Quién elige a esas agencias de calificación? ¿Quién les da poder? ¿Acaso el dios Zeus, que se carcajea desde el Olimpo al ver las tribulaciones de unos humanos que han dejado de creer en él?
Estoy seguro de que junto con las llaves de La Bodeguilla y el fertilizante para los bonsáis, cuando el Presidente llega a La Moncloa le dan una agenda con los números de teléfono aquellos que cuando no nos aprietan, nos ahogan. Pero claro, con esto de la crisis tanto Zapatero como Rajoy hacen las llamadas a cobro revertido y los descalificadores no les devuelven los honores.

Nuestra democracia no es participativa, sino punitiva con nuestros deseos y necesidades. La renovación cuatrienal de los cargos políticos me produce la misma sensación de regreso al planeta de los simios que sentía cada septiembre, cuando al volver al colegio cambiaban algunos nombres  y libros, pero el tedio era el mismo.

Vivimos tiempos difíciles, en los que no podemos confiar en que los que nos gobiernan nos ayudarán. Debemos ayudarnos nosotros a mantener la marcha. Al igual que me ayudaban mis compañeros cuando me contaban el episodio que no había visto, para que así pudiera seguir la trama de mis series favoritas.
Al final, papá, mis razones son verdades: ¡Los profes nos tienen manía!
Nino Ortea

miércoles, 11 de enero de 2012

¡Mariano habla!


¡Mariano habla!

Hay personajes que acaban devorando a la persona que los sustenta.
Su creación de hermano mudo acabó velando la imagen de Harpo Marx hasta el punto de que, aún hoy en día, son muchos los que suponen que el actor no podía hablar. Error al que ayudó el que, en las apariciones que realizó en diferentes programas televisivos norteamericanos, desempeñase papeles silentes. No faltará quien sostenga que permitir que la ficción suplante a la realidad es cosa de yanquis, ese atajo de incultos que – tras haberlo visto estrechar la mano de los presidentes Nixon y Kennedy– cree que Forrest Gump fue un personaje histórico.

Pero no. Eso de confundir a la persona con su personaje –y más si le da la mano a presidentes y ministros– también se da en la culta España. En este reino mágico donde coronamos a un caballero que sale por la tele dando la mano a políticos y que sólo nos habla, unos minutos, en Nochebuena.
Quizá el ejemplo del hermético monarca ha llevado a nuestro recién elegido presidente, Mariano Rajoy, a mantener últimamente un silencio publico. Como eso de inclinarse frente a su majestad en los besamanos no debe de ser prueba suficiente de su fidelidad borbónica, ha optado por imitar al los modos y maneras del callado jefe de estado.

Y es que, siguiendo con el hermano Marx de voz más enmudecida, para muchos fue una sorpresa descubrir que tenía mucho de que hablar. Tal y como muestra su libro de memorias ¡Harpo habla! –publicado en 1961, cuarenta años después del estreno de su primera película, Humor Risk– donde revisa la historia de su familia, de su país y de la industria del espectáculo.

Volviendo a nuestro prudente presidente, no ha habido que esperar cuarenta años, bastaron tres semanas para que empezara a dictar sus memorias.
Quizá algunos estamos equivocados; y la Política no tiene mucho de Teatro y sí de Fe. Ya que la única prueba que tenemos de que el presidente preside este país, es que así lo aseguran sus apóstoles –encarnados en ministros– y amanuenses –presentados como periodistas–. No estoy escribiendo que Doña Soraya Sáenz de Santamaría es una especie de Moisés ministerial, que cada viernes se baja del monte de La Moncloa para leernos un decálogo de mandamientos. Pero sí que el Señor Rajoy tiene mucho de monje trapense. No sólo por su vocación contemplativa de la realidad española, también por su voto de silencio respecto a sus votantes.

Acaso el mutismo actual se deba a la redacción de una nueva Regula Monasteriorum para su “ministerorum”. Pero Don Mariano ya venía dando muestras de su gusto por la afonía en sus últimas apariciones públicas, en las que no admitía turnos de preguntas.
Ayer, finalmente, rompió su silencio; en lo que no es un acto de fe, sino de EFE. Con sus declaraciones a la agencia de noticias, grabadas y retransmitidas en diferidos, me ha hecho sentir que vuelve la Nochebuena. Y, la verdad, es que uno ya se encuentra un poco empachado con tanto festejo y exceso pantagruélico en mitad de esta penuria económica. Pero quizá, el Señor Presidente no buscaba actuar con sus palabras como un alka-seltzer frente a esta crisis de acidez. Quizá buscaba demostrarnos que podía hablar, para que no nos fijáramos en que lo que dice.
Algo así como el lema publicitario de la película Ninotchka, donde a falta de información sobre la trama se publicitaba que su protagonista era capaz de reír.

Lágrimas, que no risas, es lo que provoca este alejamiento comunicativo que mantiene el presidente. En estos momentos en los que desde las administraciones públicas se nos piden desvelos y sacrificios, no creo que sea pedirle un gran esfuerzo a Don Mariano el que se dirija periódicamente a la nación para explicarnos sus planes de mejora nacional. Unas alocuciones a sus conciudadanos parecidas a las que realizan sus cofrades Merkel o Sarkozy
¡Pero se me olvidaba! Ellos gobiernan lenguaraces repúblicas. Sistemas de gobierno que tienden al desorden, como ese camarote de los Marx donde mandaban los verborreicos de Groucho y Chico. Nosotros estamos embarcados en una monarquía parlamentaria; y nuestro modelo es el silente Harpo Marx.
Nino Ortea.

lunes, 9 de enero de 2012

Lo prioritario

Hechos, eso es lo que quiero. No enseñéis a estos muchachos otra cosa que no sean hechos. Los hechos son lo único imprescindible en la vida.
(Traducción libre del inicio de la novela “Hard Times”, escrita por Charles Dickens)


Vivimos tiempos difíciles. En cierto modo, sería fácil encontrar a quien echar la culpa de ello. Los políticos, los banqueros, los inmigrantes o incluso el cantante Miguel Ríos figuran entre los más nombrados, a lo largo del año 2011, por quienes nos hemos quedado desdentados tras rucar piñones del desempleo cubiertos por la hiel del desencanto. 


Vivimos tiempos de autoengaño. En los que nos conformamos diciéndonos, en voz alta, que este invierno con clima de otoño no está tan mal. Se nos olvida que lo que nos gusta es la primavera. Al igual que se nos olvida nuestra parte de culpa en el derrumbe del castillo de naipes sobre el que habíamos construido nuestra sociedad. Preferimos culpar del cataclismo a los políticos, los banqueros, los inmigrantes o incluso a Miguel Ríos, el cantante.


Vivimos tiempos difíciles; pero no los convirtamos en tiempos de desesperanza. Confiemos en que, al final, la justicia social prevalecerá. Escribo “justicia” y no “legalidad”, pues confiar en quimeras como que los pródigos con dinero público serán sometidos a proceso público, es tan iluso como mi porfiar en que, algún día, me será devuelto el dinero que pagué por una entrada de la decepcionante gira “Rock en el ruedo” del cantante de Miguel Ríos. ¡Con lo bien que me vendrían ahora esos 3 euros!
 
Saber que quedará viuda la culpa de esta crisis, no tiene que llevarnos a condenar a la “esperanza” a una soltería solitaria. Al contrario, mimémosla, cortejémosla, querámosla… 
Sólo así vendrán tiempos mejores, en los que dejaremos atrás los que fueron momentos para venir y enloquecer. Recuperaremos el ánimo con el que éramos capaces de afrontar las contrariedades. Como cuando veíamos en repetir un curso escolar, una oportunidad para volver a ir de viaje de estudios. O tras sufrir un rechazo afectivo, destacábamos la suerte de habernos librado de la compañía de quien no nos quería.

Aunque algunos continuarán viviendo del cuento, toca dejar de vivir en el número 7 de la Calle Melancolía y mudarnos al 13 de la Rué del Percebe. Eso sí, sin dejar que los superintendentes nos sigan pagando con “mortadelos” y exigiendo que lo hagan con moneda legal. 
 
Ha llegado el momento de empezar a escribir el principio del final de esos tiempos difíciles. Quizá pronto podamos decir sobre ellos:

Fue el peor de los tiempos, fue el mejor de los tiempos. (A Tale of Two Cities, por Charles Dickens)
Nino Ortea.

jueves, 9 de junio de 2011

Palabras a destiempo

Hay veces en las que tras intentar poner nuestros sentimientos en palabras nos invade la vergüenza, pues comprobamos que quien acumula nuestros agasajos no tiene palabras por compartir y sí gestos para exteriorizar su pudor frente a la desnudez del alma ajena.

Las palabras sinceras, susurradas en momentos de complicidad, suelen convertir un lecho de rosas en un camastro de clavos del que nos levantamos espantados, argumentando que nos habíamos acostado con el ánimo de un amante y no con el de un faquir. Pocas cosas tienen mayor efecto huidizo que las palabras sinceras –independientemente del aliento que las acompañe–. Incluso ahora en esta Era de la Comunicación, lo que valoramos es la inmediatez, no la espontaneidad. Es increíble la soledad que nos rodea en esta maraña de redes sociales que nos envuelve. A falta de conversar, tuiteamos. Facebook no es un vínculo comunicativo; sino una máquina que presenta a contactos como amigos. Un delirio dadaista que nos permite aparentar ser más ingeniosos, más sociables, más deseables…

Fuera de las máquinas y de su nuevo lenguaje quebrado, también el uso sin alma de significantes léxicos nos convierte en personas insignificantes. La comunicación nos deshumaniza; nos cambia a clones de patrones de comportamiento socializado. Somos androides que no se atreven a soñar. Somos ciborgs que, a falta de sentimientos, guardamos silencios y apariencias. Vestimos nuestro lenguaje como un traje de domingo, marcado por un patrón de modismos entallados a la moda. 
Al hablar en público nos revestimos de voz activa que disimula nuestra conducta pasiva. Creemos que el decirnos "solidarios", "indignados" o "empáticos" servirá para desdecir nuestro obrar incongruente. Confiamos en que una mentira repetida se pueda convertir en verdad. Y si esto no funciona, articulamos excusas que argumenten nuestro obrar incongruente. Con vestir de domingo el 1ª de mayo y demás fiestas de guardar, con engalanar de registros comunes nuestra verborrea, buscamos integrarnos y ser uno más y mejor. Nuestra impresión de la Realidad se asemeja a un cuadro pintado por Pierre Auguste Renoir. Reflejamos esa impresión distorsionada con un cromatismo dialéctico tan limitado como el arte realista de un pintor que sostenía que la decrepitud comienza a los 18 años.

Al deshablar en privado, vestimos con adjetivos de "loco" a quien nos ofrece su verdad desnuda. Desconfiamos de quien habla y vive como siente. En esta tierra de libertades, desterramos al olvido a quien ejerce la libertad de pensamiento y de sentimiento. En esta sociedad de injusticias, culpamos de todas las nuestras al deslenguado que nos recuerda nuestras desatenciones. A aquél que nos habla de cuando le negamos, pese a tenerlo repetido, el cromo que necesitaba para completar su álbum de vida y color. 
De vuelta a casa, hemos batallado contra tanta palabrería ciclópea que podemos confundir palabras sinceras con cantos de sirena. Siempre he pensado que Ulises vivió sus mejores aventuras tras su regreso a Ítaca.
A falta de buen viento, os aconsejo que dejéis que las buenas palabras impulsen las velas de vuestro destino.
A falta de buena respuesta, te aconsejo que no te avergüences de tus palabras. Quizá deberías dejar de decírselas a quien no las escucha.
Y, aunque te llamen “loca”, háblate. Dedícate palabras de ánimo y cariño. Escúchate, la mejor razón late en el corazón.


Nino

domingo, 22 de mayo de 2011

¿Esgrimiendo argumentos?


Son muchas las veces en las que la vehemencia en la exposición me aleja de la razón de mis motivos. Intento esgrimir argumentos y acabo blandiendo exabruptos. Me gustaría que esta elucubración no se convirtiera en una nueva divagación; o en un espasmo de la ira que guardo dentro. 
Aunque no me es fácil dominar los arrebatos a los que me lleva mi trastorno hiperactivo, lo intento. Textos como éste son una capsula estimulante para mi brío. En realidad todo este blog es un reflejo de mis estados de ánimo y un intento por reflexionar sobre mis inquietudes. La tenacidad que he mostrado en su escritura o mi tendencia a publicar a una misma hora, son –entre otros– aspectos que combinan lo innato con lo autoimpuesto.



Para intentar controlar mi tendencia al caos me ayudo de una serie de rutinas que, aunque me aburren, facilitan mi interacción con los demás; pues desde pequeño he sido una de esas personas a las que eufemísticamente se las señala como “poseedor de un rico mundo interior”. Así que tiendo a imponerme horarios y costumbres que canalicen mi contacto con el exterior. Un recurso innato que me calma –y es visto como una muestra de mi carácter extravagante– es el de comportarme a mi capricho. Obligarme a hacer lo que no quiero o a estar donde no quiero es algo que me vuelve irritante. Así que no lo hago. Ya en la adolescencia me convertí en un solitario. Mientras todos iban a El Jardín, yo iba al Tik. En el reestreno de 2001 yo estaba viendo El bosque en llamas. Supongo que el que cuente con amigos que llevan más de 30 años tolerando mis ninadas, habla de su perfil compresivo y tolerante.

Recientemente, creo haber descubierto otra pauta de comportamiento que me lleva ayudando desde la infancia a alejarme del abismo temperamental: evitar ciertas prácticas sociales comúnmente asociadas al entretenimiento pero que a mí me alteran. Quizá esa prevención es la que explica mi disgusto frente a conceptos tan dispares como el fútbol, conducir o las aglomeraciones. Como aficionado al fútbol, sería un hincha; como conductor, un imprudente; y en los gentíos, un exaltado.
Probablemente a esta prudencia se debe mi ausencia de las actividades organizadas en respuesta a la situación a la que los poderes fácticos han llevado a España. Para mí, lo fácil hubiera sido dejarme llevar por mi indignación frente a quienes me llaman “bellaco” por contar mi verdad. Pero no lo he hecho. En una situación de ese tipo es muy probable que me despersonalice y que mi paso de Jekyll a Hyde se produzca con el bebedizo de la adrenalina. Hay quien recuerda su estar a mi lado en El Molinón como la vez que más cerca anduvo de acabar en comisaría. Y la única ocasión en que me he visto frente a un juez, ha sido acusado de escándalo público y destrozo de mobiliario urbano.



Así que aquí me encuentro, inseguro sobre si habito en la prudencia o en la cobardía pero con esperanza. Mi situación mejorará pues, como compuso Enrique Urquijo, “de otras peores salí”. Quizá mi esperanza se vea reforzada por el espejismo de optimismo que me invade en un día de elecciones. Es curioso que el que yo que lo he descuidado tanto –he votado a HB por frustración, al PP por amor y al PSOE por ceguera– aprecie ahora tanto su valor. Ahora, cada vez que voto, confío en que se acabe este invierno de limitaciones y se acerque una primavera de libertades
Y es que con el derecho a votar me pasa como con mis amigos: me siento privilegiado por tenerlo en mi vida.

Algún día la realidad no será cruda, será fascinante.
Nino

Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative