Ven y enloquece

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Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

domingo, 28 de septiembre de 2014

¡Kong (re)vive! Capítulo III b



¡Kong (re)vive!

Un cuento (re)contado por Nino Ortea

Capítulo III

Lecturas en el basurero II



–Finalmente, cerca de mi liberación, cayó sobre mi cara una tonelada de papel impreso con los artículos que un tal Nino Ortea había escrito sobre “King Kong”. Como comprenderéis, no iba a dejar Lilliput sin pasarme por la casa de ese trastornado, sacarlo por la ventana de su salón y preguntarle cara a cara por qué no se metía con alguien de su tamaño.


Lo hediondo de su aliento dipsómano me llevó al desmayo. Creo que el buen Godzilla, el lagarto prehistórico, se ocupó de él mientras yo besaba nuevamente el asfalto. El alopécico se puso tan pesado hablando de su blog, de su colección de airganboys, y de las ganas que tenía de conocer a una tal Megan Fox, que cuando estaba a punto de mandarlo a tierra de una patada dolorosa, encontramos la forma de dejar de oír su cantinela: pese a la repugnancia que nos inspiraba ese pesado, uno de nosotros tenía que tragárselo.



–Si no me equivoco, Nino es aquél amasijo que ahora está deglutiendo Moby “la ballena albina”. Al igual que antes había hecho con Jonás, o con el inquieto Pinocho, nuestra  arponeada amiga se ha brindado a traer al humano a Nunca Jamás.

Si no os importa esperaremos un rato, hasta que se recomponga. Entonces, oiremos el relato de su viva voz, y luego… decidiremos si nos lo comemos.

Bueno, … si no os molesta, mientras esperamos me voy detrás de esa montaña, que el bebedizo de café me ha movido las tripas.

¡Procurad no sentaros a favor del viento!



Incluso en esa situación apurada, el gran simio mantenía su porte regio. Eso sí, al pasar junto a kongChita, se sonrojó como un colegial… ¡Ah, el amor!






¡Kong (re)vive! Capítulo III a



¡Kong (re)vive!

Un cuento (re)contado por Nino Ortea

Capítulo III

Lecturas en el basurero I





Surtur, la serpiente del fin del mundo, avisó con un siseo estruendoso a los demás de la llegada del simio. Todos guardaron silencio tras sentarse expectantes.

Kong, los miró sonriente. Antes de sentarse sobre el pecio, soltó un sonoro eructo.




—¡Jar, compañeros, perdonad los gases! Son resultado de tomar ese líquido al que los yahoos llaman “café” —se disculpó mientas de un manotazo limpiaba su asiento. No por ser animal, era un guarro.

Gracias por venir, sé que os apetece escuchar mis historias sobre los sapiens, pero antes permitidme que os hable sobre el uso que los humanos han hecho de mi existencia, a la que disfrazan de mito irreal… Al igual que silencian todo aquello que se avergüenzan de admitir que temen o admiran.

La ventaja que tienen los mitos es su atemporalidad y su carácter apátrida. Culturas y épocas opuestas coinciden en presentar figuras y relatos miméticos. De hecho, al igual que el gran Drolo-Drolo glosó en su salmo rítmico “jarWambabalubaValambanbú”, opino que el secreto creativo no está tanto en lo narrado como en el arte de narrar.



–No sé por qué a la tribu de los yanquis, que provienen de una selva republicana, les dio por anteponer a mi nombre el calificativo de “king”; máxime cuando, de la que correteaba por las calles de su aldea, lo he visto aplicado a hamburguesas y a un tal “size”. El caso es que para ellos soy “King Kong” y respecto a mí figura desarrollaron una nueva mitología basada en relatos clásicos.

Como podéis imaginar, allí tumbado en el vertedero donde me arrojaron tras mi caída del abismo del desamor, tuve mucho tiempo libre. El hedor de lo que me rodeaba me impedía dormir, así que empecé a ojear las toneladas de papel que me cubrían.

Dediqué mucho tiempo a observar revistas como Playboy o Penthouse mientras buscaba en ellas esos “artículos interesantes” de los que hablan sus lectores en la sección de cartas. Y tras desplegar los posters centrales, sin lugar a dudas afirmo que la fémina es la más evolucionada de la especie humana.



lunes, 22 de septiembre de 2014

Entre arritmias y anacronismos



Hay veces en que creo que el tiempo, no pasa, sino que nos pesa, como esa piedra que dejó desdentado al titánico Cronos.
Aseguran los que no pierden un minuto en imponernos la hora en que vivimos, que estamos en la “Era de la información”, en la que los avances tecnológicos contribuyen a mantenernos conectados con lo amado e informados de lo necesitado.
Una vez más, ni corazón de hojalata y mi cerebro de quita y pon me impiden comprender la verdad de esta aseguración. Quizá también influyen en mi incomprensión el que me conecto a Internet con señal prestada y que mi teléfono no es inteligente, sino un zapatófono de los que regala el Superintendente Vicente a todo agente licenciado con deshonor.




Y es que yo no quería estar con cualquier T.I.A, sino que ser tuyo, Lola. Por lo que en cuanto vi que, sin ningún respeto, me infidelizabas con un vulgar Anacleto, no hice ningún secreto de que me sentía un cateto.
Volviendo al tema del “tiempo que vivimos”, que es pensar en ti y me descentro, creo que sobrevivimos en la época de la desinformación y del desapego. Los teléfonos ¿inteligentes? atontan a muchos adultos, que ven en regalarle un móvil a su hijo impúber una oportunidad para escurrir el bulto de la responsabilidad.
¡Si le tienen más cariño al teléfono que al niño! Están todo el día pendientes de su pantalla, presumen de él ante sus amigos y si pasa un rato sin oírlo se ponen nerviosos y lo miran con rostro decepcionado.
Y en cuanto a lo de que la nuestra es una sociedad informada, creo que el periodismo no está viviendo su periodo más digno, sino uno que oscila entre el tremendismo y el adoctrinamiento. Eso sí, al final todos iguales; ya que tanto los medios de comunicación públicos como los privados son la voz de su amo repanchingado.
En estos aconteceres de llamadas a cuatribanda y mensajes automáticos, tú sigues fiel a tus procederes de hablarme con el silencio de las llamadas perdidas, Lola, mientras pierdo la razón y se me acelera el ritmo cardiaco intentando conjeturar por qué, yo que me vanaglorio como un gran simio, dejo que me trates como al  macaco más nimio.




Entre las arritmias de mi corazón y el anacronismo de mi percepción, no sé de qué te extraña el que no sepa el día en que vivo si no lo desvivo a tu lado.

viernes, 12 de septiembre de 2014

TORPEDO 1936: EDICIÓN INTEGRAL DE PANINI 4/4



Abulí trama historias ágiles donde el guiño a los clichés del género –patente en la elección de los títulos para sus historias– no le resta ni un ápice de inventiva. Destacan sus ágiles diálogos y su juego con la ambigüedad del lenguaje. Es su capacidad para transmitir humor en contextos violentos, lo que aleja a Torpedo de ser una glorificación a la violencia y lo convierte en una sátira de su uso. El no desplegar la trama en estructura lineal, le brinda la oportunidad de sorprendernos con sucedidos del pasado de los personajes.



Bernet desarrolla un dibujo caracterizado por el vigor y la naturalidad de sus personajes, la firmeza de su trazo y su acertada narrativa, basada en una textura sencilla enmarcada por el expresionismo de su uso de luces y sombras. Destaca su inconfundible capacidad para dotar de expresividad a sus creaciones, gracias a recursos como caracterizarlas con rasgos cercanos a lo caricaturesco. Sus personajes se integran en el espacio físico que los rodea, el cual no es un mero decorado y funciona como un narrador, que nos habla del momento y lugar en que ocurre la acción. El gusto de Bernet por el pequeño detalle, convierte la relectura de sus viñetas en el placer de reparar en pinceladas que realzan o matizan lo narrado.

No falta quien, como Alex Toth, aún se escandaliza ante las páginas de Torpedo 1936. Pero al respecto, pasa como con las mujeres: a unos les gustan las morenas, a otros las rubias y a algunos nos gustan hasta las calvas.


Nino Ortea.

Recargar.

TORPEDO 1936: EDICIÓN INTEGRAL DE PANINI 3/4



Alejado del mundo de la Historieta, Torpedo ha tenido una larga y próspera vida, pese a contratiempos como el desencuentro con Glénat Francia que impide la realización de una película de imagen real sobre Torpedo, producida por Warner Bros. Entre sus correrías fuera de las viñetas, destacan: Tic-Tac, corto de animación dirigido por Juan Antonio Rojo –según el relato recogido en El arte de rematar– que Manga Films distribuye en 1996. Estamos ante el episodio piloto de un proyecto fallido de producir una serie animada de televisión basada en el personaje. Glénat comercializa junto al VHS un álbum homónimo, que reimprime cinco historias. En 1993 se estrena la obra teatral Torpedo, dirigida por Pepe Miravete. O en 2005 Abulí, de la mano de Planeta, publica el libro Los relatos de Torpedo, donde recoge quince relatos publicados con anterioridad principalmente por Playboy y Toutain Editor–.




Sexo, violencia, traición y egoísmo pueblan las páginas de Torpedo 1936. A primera vista, estos rasgos no la diferencian de multitud thrillers comiqueros –de los relatos de la editorial E.C. al Sin City de Frank Miller–. Entonces ¿qué explica el abandono del proyecto por parte de un escandalizado Alex Toth, curtido en mil batallas gráficas?

Luca Torelli es un asesino a sueldo, timador y amoral. Italiano de nacimiento –vean Érase una vez en Italia–, tras probar amargo sabor de la sangre en su Sicilia natal, emigra a Nueva York y descubre que es más cómodo ganarse la vida sacando humo de una pistola que sacando brillo a unos zapatos –lean Qué tiempos aquellos–. Este nada apenado viudo de una dama ejecutada en la silla eléctrica, es un sádico con las mujeres, a las que usa de la que combina despiadadamente el placer con los negocios. Nuestro disoluto homicida ha hecho del crimen una empresa. En la mejor tradición del “noir”, cuenta con una oficina donde recibe a sus clientes; pero a diferencia del Sam Spade de Dashiell Hammet, no descubre el material del que están hechos los sueños, sino que explora su fragilidad, en situaciones que harían sonrojarse a los curtidos personajes de cualquier novela de Chester Himes.
 
Torpedo demuestra ocasionalmente tener su corazoncito, llegando a respetar a la mujer ajena o defender a una familia oprimida; lo que, en la línea de la película Raíces profundas, lo lleva a convertirse en modelo a seguir para un tierno infante –vean Conmigo no se juega–. Torrelli cuenta como desleal ayudante con un descerebrado tan depravado como él; pero carente de su sangre fría. Rascal, nombre del prenda, había sido contratado para enfriar a Torpedo, pero tras comprobar la catadura del siciliano opta por guarecerse bajo su sombra.