Mostrando entradas con la etiqueta Deliranza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Deliranza. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de julio de 2026

Everyone but you

 

Image borrowed from the Internet

I only pay attention to what calls my attention; which implies my not noticing what's obvious to most of you, my fellow readers. That's why on this blog I write about what are trivialities to me and "truisms" to many.

From my perspective, we don't communicate, we perform. We don't convey the reality of our feelings. We do, however, adapt our words and actions to an image we want to project in this society full of writers who don't write and opportunists who don't live.

The point is to be ourselves, with all our quirks, while we flit from branch to branch. What the inconsiderate think of us is irrelevant.


lunes, 23 de septiembre de 2024

El malvado ‘Ninoff’

Sufría, me acaloraba, sonrojaba y sudaba…

¿Me había contagiado, finalmente, de COVID?

¡No, me estaba enamorando!

 

Antes de "Kong" ya hacía sentir a todo hombre un 'king'.


¡Ah, el amor! Esa pequeña tontería que, en la vida real, quien bien te quiere siempre te aconseja evitar para así no acabar volviendo a morder el polvo.

El romanticismo suena bien en las canciones de los Queen y queda bien en las camisetas de Zara. Pero en la vida real está tan en desuso como tararear una canción de los Pecos o vestir una camisa IKE. El amor es un complemento que aún tiene su momento en la Ficción; pero en la Realidad, aseguran que está de más al llegar a cierta edad: al igual que lo están el heroísmo o la puntualidad.

Encuentro mucho heroísmo en quien se atreve a enamorarse a contratiempo y confía sus sístoles sexagenarias a las diástoles ajenas. El sencillo acto de enamorarse lleva siendo el origen de muchas complicaciones desde que ‘Adán’ y ‘Eva’ desataron la ira de un dios intransigente ante el amor libre. Y es que a prejuicio de los cerebros más destacados —y de sus corazones enlatados— ¡el amor es el juego más peligroso!

No soy jugador, sí soy juguetón. Espero no resultar tontón al aconsejarte que un sentimiento tan excelso no te lleve al exceso del turdimiento, amable leyente; pues si la emoción deviene en obsesión, puede hacer de ti una pieza de caza.

 



Ha sido volver a ver la película «The Most Dangerous Game» ––El malvado Zaroff (1932)–– y enamorarme de nuevo del buen cine. Era tal mi efusividad que sin pensármelo, llamé a la que caza en su coto a mi corazón roto: me creí el amo de un juego que, aunque aún no ha recomenzado, ya sé cómo habrá terminado.

Te recomiendo que abordes mi primera acción; respecto a la segunda, antes de que te desbordes escucha a tu corazón. No pierdas tu cabeza, prudente leyente.

 


Para ver la película en su versión original sólo tienes que pulsar aquí.

https://archive.org/details/TheMostDangerousGame

 

Éste es el enlace a la página en Wikipedia

https://es.wikipedia.org/wiki/The_Most_Dangerous_Game_(pel%C3%ADcula)

 

lunes, 24 de junio de 2024

“Übermensch” ist ein Konzept, das mich, lieber Leser, übertrifft

Naranjito quita el hipo

En la vida real, suele ocurrir que lo que nos atrae de una persona termine convirtiéndose en lo que nos aleja de ella. La kriptonita de la convivencia puede suponer un recorrido por el calvario que separa el devocionario de la expectación al bestiario de la decepción, cuando comprobamos cotidianidades como que a nuestra princesa de la boca de fresa se le olvida enjaguarse las encías los días que acaban en “s” y las noches de los que terminan en “o”.

También, en esa sensación de ser “nuevos dioses” que acompaña al sentirte nuevamente enamorado, puede pasarnos que en caso de mantener el endiosamiento distante que en su momento nos funcionó como palpitante del corazón ajeno –alguien debería explicarme porqué el hacerte el difícil te lo pone fácil en la seducción–, acabemos convirtiendo en apóstata de nuestro cariño a la que profetizábamos como nuestra eterna apóstol; la cual se declara atea del titánico sacrificio que supone idolatrar a un feo con ínfulas de Prometeo (y que, en su desilusión, lo del fuego en la pasión lo deja siempre para luego).

En la vida ficcionada, suele ocurrir que lo que nos atrae de un personaje termine convirtiéndose en lo que nos aleja de él. Todos hemos acabado hartos de las camisas de Chiquito de la Calzada, de la gabardina de ‘Colombo’ y del bañador de Pamela Anderson. Excepción llamativa es la pervivencia de las camisetas de ‘Naranjito’, quizá por su valencia a ser entendidas como una exteriorización de la disposición del camisetero a ser partido a la mitad y exprimido por cualquier licuadora enloquecedora.

Al igual que los antiguos dioses del Olimpo murieron al dejar el pueblo de creer en ellos, estos nuevos dioses –los iconos efímeros de la cultura popular– suelen tener una vida fugaz como consecuencia de su sobreexplotación mediática; y en cuestión de una temporada pasan de lucir en los frontales de nuestras camisetas a arrugarse en el fondo de nuestros armarios.

Una de las contadas excepciones a esta volátil condición de héroe por un día –ya decantada por David Bowie– es ‘Superman’. Héroe de cómic entre cuyas innumerables proezas destaca la de haber convertido su nombre singular en sustantivo común en nuestra lengua. Heroicidad que se convierte en gesta si tenemos en cuenta que su incorporación se produjo en plena héjira cultural de una dictadura analfabeta y anglófoba, que hacía que en España el güisqui se bebiera sin soda y a John Wayne se le apellidara “vaine”.

Gracias a nuestros padres, todos crecemos queriendo ser buenos y justos. Gracias a ‘Superman’, algunos aprendimos que es más poderosa una sonrisa que unos músculos.

Miguel Bosé - "Super Superman" (1979) HD

Aunque tú no lo creas, amable leyente, esta deliranza se originó tras la lectura de un relato escrito por David Rubio en su superblog: y es que lo de mercar la compra en el súper tiene mucho de castigo divino, cual subir y bajar una roca del monte Olimpo:

https://balasyestrellas.blogspot.com/2024/06/por-culpa-de-la-cola-del-supermercado.html


martes, 9 de abril de 2024

Sobre la vida desmedida de los huraños y los excéntricos (two)

Prosigo aquí mi estudio sobre el desestudiado endiosado que este blog durante diciseís años ha monopolizado. Mi nombre es Dr. Vitus Werdegast – especialista en defectos ajenos y excelencia propia–.

Taly como pronostiqué en mi diagnóstico anterior, lo de bloguiNino va por mal camino.

Antes de que usted también retuitee el hastag #LoDeNinoEraUnTimo me va a permitir que me explique, a fin de evitar que su alegría tras leer mi confirmación lo lleve a unirse a los ataques de histeria colectiva que imperan entre la legión de detractores de este pésimo blog y de su pesimista recreador: Tino Portea –pues éste es el nombre que debería tener y no con el que lo la han bautizado o con el que desde la creación de este blog nos ha atizado–.

¡”Nino Ortea” no existe! De su incosistencia es prueba este blog y de su inexistencia lo es  su propia admisión:

https://venyenloquece.blogspot.com/2009/05/ni-siquiera-un-beso-1-d-2.html

Permítame que haga historia de su histeria èrsistente:

Hace más de 15 años, en la noche del 20 de julio de 2008, un por entonces desconocido rompió la tranquilidad de mi centro de reposo para todo aquel que cree ser un oso, siendo sólo un soso, o un yogui, sin hacer yoga. Y lo hizo preguntándose el porqué de las cosas –menuda aprensión más sosa–.

Extremadamente delgado, ligeramente desaliñado e incapaz de centrar la mirada, se dirigió canturreando “Bailemos el bimbó” al recepcionista de noche de mi fenomenal centro recuperacional para preguntarle si podía fotocopiarle el último número de la revista «Super Pop» y así poder recortar el original.

Fui avisado por el conserje a fin de que le diera mi consentimiento para telefonear a las fuerzas del orden. Al apreciar el desorden mental del neandertal, inmediatamente adiviné que me encontraba ante el aliciente crematístico de un cliente permanente. Me llamaron la atención su mal olor, su soberbia y su capacidad para simular estar cuerdo, recurriendo a una verborrea rimbombante de petulante.

Fumador compulsivo, bebedor impulsivo, insomne e indecente. Esos rasgos enseguida me resultaron evidentes con sólo verlo frente a mí desnudo, con un gorro de dormir en la cabeza, una colilla en la boca y una botella de brandi en la mano derecha, en la izquierda estrujaba una revista con portada de “Los Pecos”.

Si Robinsón Crusoe llamó “Viernes” al amigable salvaje, dado su desagradable pelaje a este dominguero lo llamé “Tino Portea” (vocablo que en cualquier establo significa: “el que siempre lo estropea”)·

–¡Háblame de ti, Tinín! –le propuse.

Tras dejarlo hablar de sí mismo –aquél fue mi primer contacto con el concepto inepto del “ninismo”, aquí convertido en onanismo– fui descubriendo el porqué de sus cosas. (…)

Para saber más sobre este caso ,usted –generoso lector– sólo necesita matricularse en mi máster & commander: “Creerse Napoleón es demasiado peleón, créase Bonaparte para tener más arte”.

Másinformación en esta colación.

lunes, 8 de abril de 2024

Sobre la vida desmedida de los huraños y los excéntricos

 Buenos días, descifrador de este blog:

Le escribe Dr. Vitus Werdegast –doctorado en Egomanía por la universidad de YoMimé Con-Migo–. Doy por sentado que me conocerá por mi participación ausente en la programación televidente de espectáculos tan turgentes como “¡Gran Hermano: Puagh!” o “¡Manda bemoles, Sonsoles!”.  

Dr. Vitus Werdegast

 Imagino que, sin traerlo en ascua, se habrá preguntado la   causa de las multiplicadas ausencias de Nino durante esta   Pascua. Si usted es de los que se tragó lo de su condición   “fantasmal” –o lo de sus alejamientos para acercarse a sus   “musas creativas”–, permítame asegurarle que su inocencia   no es bendita, sino preocupante: seguro que usted también   creerá que una ammistía privada conlleva beneficios   públicos o que la Tierra es plana –al igual que ciertos   célebres cerebros–.

En este lunes tan frío, confío en no dejarlo helado, ardiente lector; pero me veo obligado a comunicarle un par de realidades sobre veleidades comunes en esta comuna literaria. Triquiñuelas que resultaba locuelo intentar hacerlas colar por más tiempo:

1)NinOrtea, Ninoskito, Danonino o bloguiNino no existen.

2)“Venyenloquecido” no es tan siquiera un palabro lingüístico, más bien nos encontramos ante un descalabro “ninístico”. No aparece en ningún diccionario ni manual de uso, ni siquiera en el del luso.

Como supongo que se encontrará usted alterado tras haberle desvelado este primer misterio, dejo para un segundo informe la gloria a mi magisterio. Por cierto… ¿ha visto usted pasar un gato negro mientras leía este texto sobre fondo blanco? Bueno, mejor le pregunto a Nino que el siempre anda a gatas.

Y tenga siempre presente, amable leyente: Con un grano de sal, un hombre valiente puede caer, pero no puede ceder. Errar es humano. El lobo puede cambiar su piel, pero no su naturaleza. La verdad es poderosa y prevalecerá.


domingo, 18 de agosto de 2019

El chispazo de la vida 3 de 3


https://venyenloquece.blogspot.com/2019/08/el-chispazo-de-la-vida-2-de-3.html

https://venyenloquece.blogspot.com/2019/08/el-chispazo-de-la-vida-2-de-3.html

Un 69 % de la población se oponía a la retirada del producto; y, en plena época de electoral, ningún irresponsable político quería cargar con el muerto de la impopularidad que conllevaría la medida. El consumo de la “Conga Mola” se impuso inmediatamente entre trabajadores necesitados de un empujón para comenzar su jornada laboral y desempleados precisados de un estímulo para afrontar su desmotivación vital.

Al empezar a correr por Internet los videos donde se denunciaban los efectos letales de la bebida, el efecto fue el contrario. Se puso de moda entre los jóvenes el movimiento “pata chunga” que distingue el caminar de los muertos chispeantes. Y, ¡¿qué decir de los ancianos!?. Nuestros mayores ven en el refrigerio ultracafeinado un elíxir de Lázaro, una oportunidad para refrescarse de sus problemas de artritis, de desmemoria o de próstata.

Nuestras calles se han llenado de zombies de cualquier edad que te acosan en su sed por beber un trago de “Conga Mola”. Eso conlleva que el desplazarme a trabajar conlleve dejarme una pasta en botes de refresco. Y ustedes me multan cada vez que llego tarde. Además, nos han congelado el sueldo aduciendo que la compra del cemento rápido encarece el coste de los servicios funerarios.


Así que, señor vicepresidente, por la presente le notifico mi intención de dejar este trabajo en el plazo de quince días que marca la legislación. En mi intención está aprender el oficio de taxidermista. Si en los planes futuros de esta empresa entra el empezar a ofrecer servicios fúnebres a mascotas, me sentiré honrado de contar con su confianza.

Siempre suyo:

Soponcio Sarcófago.



Deliranza inspirada por la teleserie recién fallecida iZombie.









El chispazo de la vida 2 de 3



Donairoso vicepresidente:

Sirva esta segunda misiva como ratificación definitiva de mi postergada iniciativa de dimitir del laborar y retomar el enamorar.

Tal y como le notifiqué hace más de una semana yo era un hombre feliz en mi badana.

¡¡Pero ahora estoy hasta el carajo de este trabajo!!


Ahora todo es caos y desorden. La improvisación es la pauta laboral de mis noches. De los días, mejor no hablar. Créame, señor intendente, mi alma en pena ha llegado al punto de odiar esta faena.

Y pensar que toda esta sequía de esperanza la ha desatado una bebida refrescante… ¡Maldita “Conga Mola”!


Desde que les dio por renovar la fórmula de su brebaje, cada trago de su “chispa de la vida” se ha convertido en un disparo letal. Nuestras calles se han llenado de muertos hiperactivos… ¡Y así no hay quién trabaje! Por muy buen profesional que seas, es imposible dar sepultura a alguien que no se está quieto. Si antes era un enterrador laborioso, ahora soy un encofrador patoso: acabo siempre la jornada laboral cubierto en cemento –lo cual debo admitir que me viene bien a la hora de volver a casa, ya que los espasmódicos no perciben mi olor y me dejan en paz–.

Imagen de autoría no acreditada.
Sé que no es culpa suya, apreciado jefe, pero ustedes me contrataron para dar sepultura a los fallecidos, no para meterlos en bloques de cemento antes de que les de la fiebre del “bailongo” y se revivan en la búsqueda temblorosa de refrescos que los mantengan chispeantes. La culpa es de los fabricantes de “Conga Mola”. A uno de sus ingenieros se le fue la mano con la cafeína. En lugar de retirar esa remesa excitante, se la quitaron de delante comercializándola bajo el lema “¡Revive a un muerto¡”.

Y así fue…

Pero se les olvidó añadir que primero te mata de un paro cardíaco súbito provocado por el exceso de estimulantes que contiene. Pese a que lo inmediato de su efecto propició que se asociara raudamente su consumo con una posibilidad elevada de muerte por taquicardia, las autoridades públicas no han retirado el mejunje de la circulación.



domingo, 4 de agosto de 2019

El chispazo de la vida 1 de 3


Distinguido vicepresidente:
Sirva la presente como aviso contundente de mi dimisión concluyente.
Aunque usted no lo supiera, yo era un hombre feliz en mi trabajo: lo podía desarrollar siguiendo una planificación fija, sin acumulación de tareas y dentro de unos horarios inamovibles.
Aunque usted lo ignorara, yo era un hombre feliz con mi empleo. Probablemente esa felicidad hacía de mí un tipo aún más raro de lo que ya me convertía de por sí el trabajo en sí mismo. En esta sociedad en la que incluso muchos profesionales vocacionales –como médicos o profesores– se quejan de sus obligaciones laborales, yo desempeñaba mis cometidos con la satisfacción que te da el saberte útil para los demás. Con esa satisfacción que sólo me daba el comprobar que estaba allí para dar por muerto y enterrado cualquier problema vital que hubiera afligido a nuestros usuarios.

Además de descubrirme útil en lo social –a mí que según mi padre era pura “carne de cañón”–, mi trabajo me hacía sentir realizado en lo personal, y ello pese a haber sufrido en su desempeño vicisitudes como el que mi esposa me abandonara justo al comienzo de mi segundo año laboral.
A Puri, que a terca no hay quien la gane, se le había metido entre ceja y ceja que tenía que dejar el trabajo, ya que me estaba volviendo más frío y tenía menos conversación que un muerto. Además, aseguraba que el trabajar por las noches afectaba a mi salud –ya que deslucía más pálido que un vampiro– y bajaba su autoestima –pues se sentía una viuda al nunca tener presente a su marido ausente–. Así que un día, justo tras un amanecer en el que la había despertado para hacer las paces con unas flores que había cogido en la empresa, me dio a elegir entre su amor o mi profesión.

De ahí que lleve 12 años viviendo con mis padres. Quizá ahora encuentre un momento para arreglar lo mío con Puri. Creo que hace tiempo que metió a un tío en nuestra casa, pero estoy seguro de que sólo lo hizo para darme celos. La llamaré una mañana de éstas y la invitaré a comer, para charlar y ponernos al día. Eso sí, no la podré llevar a un sitio caro pues no sé por cuánto tiempo estaré en el paro y el dinero empezará a ser un recurso raro.
Bueno, con su venia continuaré desplegando mi carta de dimisión en un próximo correo.
Acaba de entrarme una carga de trabajo y como cantó el afanoso Adriano Celentano: Chi Non Lavora Non Fa L'amore –e io sono innamorato del mio lavoro–.
A sus pies y a los de su señora.



Hoy iba a compartir el final de esta delizanza laboral, pero acabo de recibir buenas noticias que me llevan a posponer su finalización en una semana.

Te pido disculpas, amable leyente.

Entradas populares

LibrElena - Blog de Nino y Nino Ortea.

El contenido literario de este blog está registrado en Safe Creative