Ven y enloquece

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lunes, 16 de enero de 2017

Hacía tiempo que no veía una que me gustara tanto

   Hacía tiempo que no veía en el cine una película que me gustara tanto como me ha gustado «Hasta el último hombre», dirigida por Mel Gibson. También hacía tiempo que no iba al cine; en ese hábito, como en otras delicias, no me puedo permitir ser quien fui.

   El pasado viernes me regalé ver esta película que cuenta ciertos trasuntos vitales de Desmond Doss: un sanitario del Ejército de Estados Unidos al que se le otorgó la Medalla de Honor de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, por salvar innumerables vidas durante la batalla de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial.

   Un cambio repentino de planes por vicisitudes ajenas, me había dejado con el ánimo inquieto. Al poco de haberme subido a un autobús, me arrepentí de haberlo hecho; por lo que decidí llegar hasta una de las últimas paradas de la línea –siempre me ha gustado el barrio de La Calzada– y callejear de vuelta a casa sin prisas, placer gratuito del que últimamente me había mantenido alejado por razones remuneradas. Sin saber porqué, me encontré muy cerca de las únicas salas cinematográficas comerciales que se mantienen abiertas en Gijón; me animé a ir hasta las taquillas, más por prolongar el paseo que por comprobar qué películas estaban proyectándose.

   De camino me encontré con una antigua alumna que, junto a dos amigas, iba a ver la última película protagonizada por el agónico Mario Casas. Me propuso unirme a ellas, pero rechacé la grata propuesta y, quizá como excusa para justificar mi rechazo, le comenté que había subido para ver la última peli de Mel Gibson. Su juventud hizo sin duda que mi interlocutora me mirara con expresión dubitativa, como si en aquel momento estuviera intentando adivinar quién era ese tipo, considerado en otra época “el hombre sexy vivo más atractivo”, y cuyo nombre estoy seguro que su madre –la de mi exalumna– sí que lo sabe encarnar.

   Tras sacar las entradas charlamos durante un rato, mientras sus compañeras me miraban con la misma desgana con la que yo encaro un plato del brécol que prepara mi padre: con ganas de acabar pronto e irme. Al despedirnos, mi exalumna me pidió el número de teléfono e hizo una llamada para que tuviera el suyo. Entré en la sala con la mente en otra cosa que en ver una película.

   El arranque de «Hasta el último hombre» me resultó monótono: formalmente correcto, pero con una sensación de que aquello ya lo había visto. No es que me llegara plantear salir de la proyección, pero sí que arrepentí de haber entrado en ella. En su despliegue, la película cuenta las razones religiosas y morales que definen al protagonista, y que lo llevan a alistarse en el ejército para combatir el Mal; razones que son las mismas que le impiden plantearse blandir un arma en el combate, pues considera que con uso se convertiría en agente del Mal.

   Según fue avanzando la película, mi mente dejó de vagabundear por el patio de butacas de alguna sala vecina y se centró en la narración ágil y escueta que Gibson nos iba ofreciendo, hasta llegar al último tramo de la película, donde me quedé maravillado ante el pulso firme con el que se refleja lo atroz, con el que se captura ese “Horror…el horror” con el que personaje del Coronel Walter E. Kurtz deliraba al final de la película «Apocalipsis Now» de Francis Ford Coppola.

   Nunca había sido un gran seguidor de Mel Gibson como actor fuera de la saga Mad Max. No mostré ningún interés por el arranque de su carrera como director hasta que mi madre me insistió en que viera la película «Brave Heart», ya que el personaje le había recordado a mí. A los pocos meses me regaló un DVD de la edición coleccionista de la película, aunque para entonces yo ya me había convertido en un seguidor de Gibson.

   «Hasta el último hombre» vale hasta el último céntimo del precio de su entrada. Pese a ser una película de encargo, Gibson la hace suya; no sólo en la narrativa técnica –donde, de nuevo, dirige con esa efectividad que resulta de su elegir lo efectivo frente a lo ampuloso–, sino que también en la narración de la historia, donde nos cuenta los trasuntos de un antihéroe solitario, reconvertido en líder moral y épico por el mero hecho de ser fiel a sus sentires y enfrentarse a las injusticias sin miedo a la muerte.

   Han pasado tres noches desde que salí de ver la película y no he dejado de pensar en ella. Aún no he contestado al puñado de mensajes que mi exalumna me ha enviado proponiéndome quedar este fin de semana y así charlar con más clama. Me temo que no soy ese hombre decidido que mi madre veía en mí.

12 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Buenas tardes, Tracy:
      Gracias a ti por tu lectura comentada.
      Un abrazo.

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  2. Yo no la he visto, pero te agradezco tu recomendación, Nino, gracias.

    Un beso.

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    1. Buenas tardes, María:
      Soy yo quien te agradece tu lectura y comentario,
      Feliz miércoles.

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  3. Hay películas que se nos meten ahí

    Considero que es lo que cuenta , lo que nos aportan y transmiten

    a veces por ser justo en el momento que es ...

    azar , casualidad o causalidad

    un abrazo


    pd/ yo tb me la anoto

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    1. Buenas tardes, MaRía:
      Ésta es una película bélica clásica en su estructura, con una primera parte donde se nos contextualiza con los personajes y su entorno histórico y una segunda donde se desarrolla el combate. Pero no es una película bélica al uso en su plasmación: no hay belleza en la guerra, cada batalla es cruenta, sucia y deshumanizada. Es una gran reflexión sobre una enorme abominación. Soy antimilitarista y antibelicista, quizá por eso esta película me ha emocionado.
      La música del azar y de la casualidad está compuesta por piezas cortas en su tiempo de representación, por piezas que resuenan con variaciones en el recuerdo.
      Un abrazo, MaRía.

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  4. Excelente, la tendré en cuenta Nino.
    Abrazo!

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    1. Buenas tardes, Frodo:
      Me alegro, confío en que te guste.
      Un abrazo-

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  5. ¡Cuantas carpetas habré decorado con fotos de Mel Gibson! De repente he envejecido al ver que tu amiga no sabía quien es. Besos.

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    1. Buenas tardes, Ángela:
      ¡Cómo deseaba ser una de esas fotos que decoraban las carpetas para estar cerca de los corazones palpitantes de mis admiradas esquivas!
      Sí, es curioso cómo la verdad inocente puede ser hiriente, y hacernos sentir que nuestro tiempo ha pasado sin que hubiéramos sido conscientes de que había llegado.
      Un abrazo, Ángela.

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  6. Considero que no hay nada mejor que eso, un comienza que ni fu ni FA y según avanza ir sintiendo que te atrapa, notando como te cala... Y seguir pensando en ella.

    Por otro lado, como todo, depende del día o la etapa en la nos toca. A mí me pasó algo similar con " un monstruo viene a verme"

    Te dejo un abrazo Nino...de luz

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    1. Buenos días, AtHeNeA:
      Pese a mi componente impulsivo, no soy dado a “los flechazos” en lo afectivo; o quizá debería escribir que esos dardos de la pasión son heridas de entrada y salida, no afectan ningún órgano vital, ni dejan cicatriz al cerrarse.

      Con las películas, como en mi vida, me creo falsas expectativas. Pese a las decepciones no pierdo la esperanza, e intento hacer de ellas un aprendizaje. He aprendido, por ejemplo, que hay películas que me gustan más si las veo en versión original y en otras que debo verlas dobladas. En el caso de “Un monstruo viene a verme” me apetece verla, pero en Inglés.

      Un cálido abrazo en estos días fríos, AtHeNeA.

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.