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domingo, 24 de agosto de 2008

Sin City: Más letal es la mujer 01



Con poco más de veinte años en el mundo del cómic, la contribución de Frank Miller es una de las más importantes de cualquier creador en el medio.
Durante los años 80 sus trabajos para Marvel y DC cambian la despectiva imagen que muchos tenían de la historieta.
Tras guionizar la segunda y tercera parte de Robocop, su regreso al tebeo en los 90 supuso encontrarnos con innovadoras historias, que reflejan una búsqueda de nuevos horizontes para el cómic.

Su trabajo, su defensa de los derechos artísticos y su ataque a la censura, lo convierten en el autor más respetado del ámbito. Cuando manifiesta públicamente su opinión, sus palabras son escuchadas por industria y aficionados.

En el presente artículo, me centraré en su segundo advenimiento tebeístico.
Tras escribir Robocop 2, regresa al cómic desarrollando un género como el ·hard-boiled” que tan bien funciona en literatura y cine, destacando en la historieta de la mano de Wally Wood o José Muñoz.

Frank necesitó cambiar su narrativa. Su obra no habla de un mundo armónico donde la maldad es traída por científicos chiflados o villanos disparatados.
El mal pudre toda la sociedad, enraizado en las instituciones encargadas de protegerla: cardenales antropófagos, senadores megalómanos, presumibles candidatos presidenciales amigos de violar y matar jovencitas.

Alejado del quimérico mundo de los superhéroes, dibujar un simple coche se tornaba en algo heroico.
Al usar el blanco y negro, buscó la expresividad recurriendo al contraste, la mancha, el rallado. Las marcadas sombras, el uso de líneas verticales que encarcelan a los personajes, una iluminación que incorpora o aleja a sus creaciones de la narración sólo con enfocarlas y sus encuadres que nos sitúan a un palmo de la acción, acentúan la sensación de inquietud e inestabilidad.

La unión de escritura y dibujo, resulta en una perfecta narración, afianzada en las viñetas a toda página, desnudas de textos de apoyo y cubiertas por expresivas onomatopeyas, controlando el tiempo narrativo y el ritmo de lectura, atrayendo nuestra atención cuando es preciso. Como con los climáticos finales de los que dota a cada capítulo de sus obras, o su detenida narración, en momentos propicios a ser solventados rápidamente.
Dedicando 22 viñetas a las embestidas de Marv contra la puerta de su celda en Sin City, nos muestra la psique de un personaje que superará cualquier dificultad que surja en su sagrada misión.
El dibujo llega a contradecir lo escrito, la lluvia que aclara las ideas de Marv enturbia la imagen.


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